Waitākere Ranges Regional Park

El parque regional de Waitākere se encuentra ubicado en la isla norte de Nueva Zelanda a escasos 25 kilómetros de Auckland. Este espacio natural tiene una extensión de más de 160 kilómetros cuadrados, en los que hay un montón de kilómetros de costa escarpada con acantilados, cascadas, selva tropical y playas de arena negra.

Asimismo, cuenta con más de 200 kilómetros de senderos que van desde sencillos hasta muy complicados, siendo uno de ellos el Hillary Trail, un duro sendero de unos 4 días de duración con una longitud aproximada de 76 kilómetros que va desde Muriwai hasta Titirangi pasando por Piha.

Esta región está bañada por el Mar de Tasmania, unas aguas bastante bravas que son utilizadas por los amantes del surf. Entre sus bellas playas negras destacan: Whatipu Beach, Muriwai Beach, Karekare Beach y Piha Beach, quizás la más célebre de todas por ser donde se halla la Lion Rock, una enorme piedra con silueta de león que es todo un icono en Waitākere. 

Esta reserva natural cuenta con un centro de visitantes llamado Arataki Visitor Center, el cual ofrece unas bonitas vistas hacia la Bahía de Symons y posee un precioso Pou Maorí (columna tallada) con 11 metros de alto. 

¿Qué ver en Waitākere Ranges Regional Park?

¿Qué ver en Waitākere Ranges Regional Park?

¿Dónde alojarse en Waitākere Ranges Regional Park?

Mi visita a Waitākere Regional Ranges Park fue en un viaje de ida y vuelta, puesto que Auckland está muy cerca y vivía allí, pero gracias a que los kiwis me recomendaron un par de campings (por si acaso decidía pernoctar) hoy os puedo dar un par de sugerencias, éstas son: Piha Domain Motor Camp y Whatipu Lodge and Campground. 

Tanto el uno como el otro llevan el nombre de la playa en la que se ubican y están en plena naturaleza muy próximos al mar. Según la información brindada por los neozelandeses ambos campings son idóneos para descansar, pero si tuvieran que elegir uno se decantarían por el de Whatipu por estar más aislado de la civilización, pudiendo así descansar y desconectar mejor.

Mi cuaderno viajero

Como en gran parte de mis expediciones en Nueva Zelanda, llegué a Waitākere Regional Ranges Park por consejo de mis caseros en Auckland, ya que dada su insistencia parecía que si no iba me perdería algo espectacular. Así que eso hice, alquilé mi coche, y puse rumbo a descubrir este rincón salvaje dudando si merecería la pena o no, puesto que tenía otros destinos en el horizonte. Pero por suerte, a los pocos minutos de adentrarme en este lugar, ya me pareció que había tomado una acertada decisión. 

Esto fue debido a que hasta sus carreteras para alcanzar sus playas o sus cataratas eran una delicia y un auténtico entretenimiento. Muchas de ellas estaban cubiertas a ambos lados por bóvedas verdes formadas por árboles y vegetación (como habéis visto en la foto anterior). A veces, incluso hasta envolviendo la carretera de tal manera que ésta quedaba en penumbra, lo que hacía el camino aún más agradable y encantador. Esto me pasó por ejemplo haciendo la ruta en Scenic Drive y conduciendo por Huia Road, una carretera que engancha con Whatipu Rd para llegar a la playa de Whatipu Beach.

Fue aquí, en Nueva Zelanda, donde pisé por primera vez playas de arena negra, y me encantaron. Si que es cierto que me esperaba que tuviesen un color negro más intenso, algo que ocurría cuando la arena era alcanzada por el agua. Por lo general, su tonalidad era más bien tirando a gris oscuro. Pero aún así, fue una experiencia singular.

Como habéis podido apreciar en Qué ver en Waitākere, hay bastantes cosas para visitar en el parque, pero en mi caso tan solo visité el centro de visitantes, un par de cascadas y tres playas que a continuación os muestro junto a mis sensaciones. Además, aquí os dejo el mapa de la ruta que yo hice para que os sirva de orientación.

Whatipu Beach era una enorme playa formada por una gran lengua de arena de unos 6 kilómetros cuadrados en un entorno totalmente natural. Como os podéis imaginar, esta playa salvaje tenía una explanada enorme. Había muchísimos bancos de arena muy próximos a la orilla y un faro en la cúspide de un montículo rocoso dentro del mar, en el que por cierto había un montón de pescadores mojándose hasta las cejas cuando las olas rompían.

Whatipu Beach me pareció una playa muy brava, aunque no tanto como la siguiente, dado que había olas bastante considerables perfectas para los surfistas. De hecho, está playa estaba llena de deportistas intentando coger la mejor ola.

Lo que más me gustó fue el contraste de color que había entre la arena casi negra y el verde de la vegetación que rodeaba la playa, como por ejemplo, en la montaña que había a sus espaldas o en la explanada previa a su llegada, un lugar rodeado de montañas rebosantes de árboles y plantas de vibrantes colores. En una de ellas había un sendero (de fácil acceso) con un banco solitario para relajarse y respirar aire puro mientras se contemplaban unas imágenes privilegiadas de Whatipu, os lo recomiendo.

Como curiosidad, había un montón de “animales raros” por allí que no tenía ni la más remota idea de su existencia, como por ejemplo, el Takahe, una especie endémica de Nueva Zelanda que parece una gallina prehistórica.

Hasta llegar al aparcamiento de esta playa había un largo camino de tierra, siendo su tramo final el que presentaba un estado en peores condiciones con grava muy suelta y algún que otro agujero profundo, pero no os preocupéis, conduciendo despacio y con cautela no debería haber ningún problema. 

Una vez allí, en la explanada mencionada anteriormente podréis aparcar tranquilamente vuestra caravana. Con el vehículo aparcado y mochila en mano, para acceder a Whatipu Beach tendréis que caminar brevemente por un sendero de arena entre plantas autóctonas hasta la playa.

Piha Beach no era tan enorme como la anterior, pero aún así daba la sensación de amplitud. Su arena tampoco era tan negra como me esperaba, de hecho, el color tiraba más hacia el marrón que hacia el negro, aunque paradójicamente, al cogerla con las manos era muchísimo más oscura… algo extraño y extraordinario. 

Su entorno no me gustó demasiado una vez vistas Karekare y Whatipu, porque a pesar de que estaba ubicada en plena naturaleza, estaba rodeada de cientos de casas perdiendo esa magia que tenían las dos anteriores. 

Según los lugareños, el mayor atractivo de Piha Beach es su célebre roca llamada Lion Rock, una roca con silueta de león ubicada en la arena dividiendo la playa casi en dos. Esta roca podía ser ascendida por una sencilla escalinata, obteniendo así desde su cima unas fabulosas vistas hacia “una playa y otra”, siendo también un lugar estupendo para sacar unas fotos sensacionales. Por cierto, la forma del león costaba un poco verla y yo tuve que echarle algo de imaginación, pero según dicen, ahí está. 

Piha Beach es considerada una de las playas más famosas de Nueva Zelanda tras la majestuosa Cathedral Cove (Región de Waikato), pero para mí, esta fue la playa que menos me gustó de esta zona a pesar de que me impactó muchísimo contemplar la ferocidad del Mar de Tasmania. Sus olas se deslizaban indomables saltando las unas sobre las otras, provocando un sonido atroz que penetraba en lo más profundo de mi ser mientras la brisa golpeaba mi rostro, fue extraordinario. 

Mereció la pena tan solo por lo citado anteriormente y por sus puntos fotográficos, los cuales os nombro a continuación:  

      1. Lion Rock: éste ya lo conocéis.
      2. Tasman Lookout: ubicado en un extremo, ofrece unas fotos maravillosas de la playa en vertical.
      3. Piha Beach Lookout: localizado en un anchurón en la carretera Piha Road, brinda una perspectiva desde la lejanía bestial, pudiendo obtener unas fotos de revista.

¡Y por fin! ¡Una playa de arena negra como me imaginaba! 

En Karekare Beach encontré al fin ese ansiado color de arena que andaba buscando, ¡era más negra que el tizón! Aunque hé de decir, que creo que esto se debió a que llegué justo al anochecer y el sol ya no tenía la fuerza que le caracteriza quedando una luz muy tenue y por consiguiente todo más oscuro. Fuese por lo que fuese, se convirtió en mi playa favorita y ya está, por ésto, y por su acceso a la playa, el más aventurero de los tres. 

Tras aparcar el vehículo en un parking previo al camino, primero tuve que caminar por un sendero fácil de arena rodeado de forraje para luego seguir surcando unos socavones formados por dunas de arena, los cuales tuve que atravesar para por fin llegar a la playa. Por cierto, el anochecer aquí fue muy bonito porque el sol tenía un color anaranjado pálido que combinado con la arena negra creaba una atmósfera de ensueño.

Sinceramente, poco más puedo decir de Karekare Beach, dado que tan solo estuve 20 minutos y no pude ver la playa completamente, pero por lo poco que ví diría que era una playa muy grande en un entorno completamente salvaje junto a la siguiente waterfall.

Karekare Falls era una mini catarata rodeada de flora por todos lados escondida entre la naturaleza y su altura no era muy elevada, diría que unos 25-30 metros. En su base quedaba una pequeña charca idónea para un placentero baño en pleno ecosistema, siempre y cuando ésta tuviese agua suficiente. Por desgracia, yo no tuve esa suerte y no pude aprovechar esa piscina natural porque el agua escaseaba. Pero mejor así, el tiempo tampoco acompañaba. 

A pesar de que el cauce de la catarata era bastante bajo y no pude verla en todo su esplendor, mereció la pena visitarla. 

Esta catarata se encontraba en el lado opuesto de la playa justo enfrente del aparcamiento. Tan solo había que bajar una mini cuesta para llegar a ella, por lo que su acceso era muy sencillo.

Ya que estábamos en Piha Beach y las cataratas de Kitekite Falls estaban muy cerquita, aprovechamos la oportunidad y fuimos a verlas.

Ésta me gustó bastante más porque era más alta y su acceso era muchísimo más bonito. La cascada era asombrosa, gigante y espectacular, pudiendo visitarla a dos niveles, en su base y en su parte alta. 

En su parte baja había un espacio muy amplio para refrescarse y en la superior había unas vistas de locura, con la posibilidad de cruzarla y acercarse a la curva de la cascada para mirar al vacío con una panorámica brutal. Si levantaba la cabeza, tan solo veía la selva, era majestuoso.

Esta ruta fue muy sencilla y la hice en un abrir y cerrar de ojos, porque incluyendo mi paso primeramente por su parte baja y alguna cuesta que otra (pero nada extremo) alcancé su parte alta en tan solo 40 minutos. Honestamente, fue una verdadera lástima que durara tan poco porque disfruté como el que más rodeado de palmeras Nikau, helechos enormes y árboles Kauri mientras escuchaba la casaca de fondo y la dulce melodía de los Tūī. 

Creo que mi descripción habla por sí sola pero por si acaso, fue una maravilla, de lo mejor de Waitākere Ranges junto con Karekare Beach. El nombre de este trail junto con otros muchos os lo muestro un poco más adelante en el apartado trails.

Una cosa muy destacada que acaparó nuestra atención fue el “sistema tecnológico” que hay justo antes de entrar al recinto, tal y como habéis visto en el vídeo anterior. En su puerta de acceso y salida había en el suelo unos rodillos tipo cepillo para limpiarse los zapatos y un botón que al pisar lanzaba una especie de desinfectante con agua, bueno, imagino que sería eso. Nos impactó muchísimo, no nos lo esperábamos y sencillamente nos encantó. 

Este modus operandi preventivo se debe a que los árboles Kauri pueden sufrir una enfermedad mortal si se ven afectados por un microorganismo, el cual ataca a sus raíces quitándole los nutrientes y por consiguiente dando lugar a su muerte. 

Este microorganismo puede ser transportado en las suelas de los zapatos o en los animales, por eso hay que limpiarse bien las zapatillas. También es muy importante no salirse del camino marcado para evitar la propagación de la enfermedad y afectar a los árboles. Esto es a modo preventivo por si “la ducha de zapatillas” no ha cumplido bien su función y aún persiste este microorganismo malvado.

RESPETEMOS LA NATURALEZA POR FAVOR

Cómo curiosidad, los milenarios árboles Kauri son endémicos del norte de la isla más septentrional de Nueva Zelanda y pueden llegar hasta los 50 metros de altura, con un  diámetro de tronco tan ancho que son similares a las secoyas del Yosemite National Park (California). El más conocido de ellos es el Tāne Mahuta, un Kauri de más de 51,5 metros de alto y un diámetro de más de 13 metros. Pero eso no es lo más impactante, sino que se cree que tiene más de 1.200 años. Este árbol reside en Waipoua. 

También hice una parada en el centro de visitantes Arataki Visitor Center, el cual no fue nada en especial, pero ya que pasaba por allí lo visité para preguntar a los Rangers sobre el parque y sus rutas por la selva.

En el Arataki Visitor Center había unas bonitas vistas de la Bahía de Symonds y una increíble columna tallada maorí en su exterior. Esto último sí que era llamativo pero no se porque, no tengo ni una sola foto de ella (os podéis imaginar mi cabreo). En su interior había animales fosilizados para verlos y aprender sobre ellos.

A pesar de ser un gran amante de las rutas de senderismo, algo que descubrí tras el Tongariro Alpine Crossing, en Waitākere no pude hacer ninguna por falta de tiempo, pero por si vosotros disponéis de él, os muestro algunas de las rutas más famosas de la zona para que le echéis un vistazo:

      1. Hillary Trail
      2. Mercer Bay Path
      3. Kitekite Falls Path
      4. Te Henga Walkway
      5. Whites Beach Walk
      6. Mokoroa Falls Track
      7. Whatipu Caves Track
      8. Goldie Bush Walkway
      9. Mt Zion Hill Walking Track
      10. Upper Huia Reservoir Walk

En resumidas cuentas, Waitākere Ranges es idóneo para respirar aire puro y desconectar, lo que siempre es una buena y acertada elección. Su cercanía con Auckland favorece y facilita su visita, siendo una buena oportunidad para escapar del bullicio y del ajetreo cosmopolita. Es un lugar formidable para los amantes de la naturaleza y de la tranquilidad. 

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“La vida es un viaje y quien viaja vive dos veces”.

Omar Khayyam

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