Región de Waikato

La Región de Waikato ocupa gran parte de la isla norte de Nueva Zelanda y está repleta de colinas y praderas con grandes ciudades como Waikato, Taupō, Matamata, Waitomo, Otorohanga, Coromandel o Hamilton, su capital. En cambio, su población total apenas sobrepasa los 400.000 habitantes.

Por esta región transcurre el río con igual nombre que la región, el Waikato River, el cual nace en la zona volcánica de Taupō y fluye entre grandes prados rurales hasta su desembocadura en el Mar de Tasmania, cerca de Auckland. Tiene una impresionante extensión de 425 kilómetros de longitud, convirtiéndolo en el río más largo de Nueva Zelanda, y como tal, lo rodean un sin fin de senderos (Waikato River Trails) que pueden ser recorridos tanto a pie como en mountain bike.

Dada la gran extensión de esta región, en ella se concentran muchas atracciones de gran interés turístico de Nueva Zelanda, como por ejemplo, ver luciérnagas en el interior de profundas cuevas neozelandesas en Waitomo, visitar la Comarca donde vivía Frodo Bolsón, conocer a los Kiwis en Otorohanga Kiwi House o visitar Taupō, una de sus ciudades más al sur.

En su costa noroccidental se ubica la Península de Coromandel, siendo ésta la zona preferida para los Kiwis (como se apodan a los neozelandeses) para pasar sus épocas estivales. En esta conocida zona geográfica se encuentra la popular playa Hot Water Beach, donde cavando un agujero se obtiene agua caliente y la reputada Cathedral Cove, catalogada por muchos como la mejor playa de Nueva Zelanda.

¿Qué ver en Waikato?

¿Qué ver en Waikato?

Mi cuaderno viajero

La Región de Waikato ofrece un amplio y maravilloso abanico de posibilidades turísticas en la naturaleza, desde la playa más bonita del país hasta una de las rutas alpinas más espectaculares del mundo. Sin embargo, esta fue la parte que menos me gustó de Nueva Zelanda, porque compaginé emociones opuestas que iban desde el éxtasis por haber escalado un volcán a la decepción de varios lugares, los cuales os comentaré más adelante.

Entre el sin fin de alternativas para visitar en esta extensa región, me decanté por las siguientes:

Las Cuevas de Waitomo fueron algo de lo que aún recuerdo hoy en día y me fascina. No tenía ni idea de que existiera esta posibilidad en Nueva Zelanda y nunca se me había pasado por la cabeza esta experiencia, por lo que no contaba con ello, y una vez dentro, me hipnotizó. Lo más impactante y alucinante fue ver a unos intrépidos gusanos luminosos en acción, las luciérnagas. Estos graciosos animalejos se dejan ver en la total oscuridad gracias a que brillan por bioluminiscencia, pero siempre y cuando haya completo silencio, porque si escuchan ruido apagarán su lucecita y ya no se verán.

La visita a la cueva la hicimos con el tour Waitomo Glowworms Caves  por un precio de 33 €, y a pesar de que tan solo duró unos 45 minutos (yo me hubiera quedado allí dentro todo el día) estuvo muy bien. Primeramente nos adentramos en el interior de una cueva laberíntica para ver enormes formaciones de estalactitas y estalagmitas mientras nos explicaban entre susurros su historia.

Posteriormente, nos adentramos aún más en las entrañas de la cueva hasta llegar a un mini muelle, donde nos subimos a una barca totalmente a ciegas, puesto que estaba tan oscuro que allí no se veía ni escuchaba  absolutamente nada. Una vez sentados, el único ruido que se podía percibir era el del roce de la barca con el agua y el del barquero remando, parecía Caronte llevándonos hacia el inframundo. Y de repente, ¡todo se iluminó!, allí estaban estos increíbles bichillos con “bombillas Led” en la cabeza atrapados bajo el corazón de la isla norte de Nueva Zelanda. Las luciérnagas estaban repartidas por todo el techo y se apreciaban tan bien en la oscuridad que parecía la vía láctea. 

Fue una experiencia única, tanto ver a las luciérnagas en plena acción como el estar en las profundidades de la isla a pesar de que no pude fotografiarlas, dado que estaba prohibido hacer fotos en el interior de la cueva porque el flash perturba su tranquilidad, algo muy comprensible, allí únicos intrusos éramos nosotros. Pero no me importó, porque fue tan alucinante, que hoy en día el recuerdo aún perdura intacto en mi mente.

Asimismo, fue una lástima que su visita fuese tan sumamente breve y yo no dispusiera de más tiempo para hacer otra expedición, puesto que existe un tour que dura nada menos que tres horas llamado Glowworm Caving Eco-tour donde me hubiera puesto las botas a ver luciérnagas.

Además de estos dos que os he ido indicando, existen un montón de maneras más para ver a estos gusanos resplandecientes, como por ejemplo, en tirolesas subterráneas, en la fabulosa Ruakuri Cave o en donuts a través de un río bajo tierra iluminado de color azul por las luciérnagas. A continuación os dejo varias páginas para valorar la opción que más os guste: Discover Waitomo, Waitomo activities o Waitomo Adventures.

Si hacéis el tour que yo hice os recomiendo comer en Roselands Farm & Garden Restaurant en Waitomo, un restaurante en medio de praderas rurales con un apetitoso buffet y carnes a la barbacoa riquísimas. Este restaurante está a escasos kilómetros de la cueva y en su camino tuvimos la grata experiencia de conocer a otros animales fantásticos, bueno, más bien graciosos, a las alpacas.

Como curiosidad, muy cerquita de Waitomo Glowworms Caves está la Otorohanga Kiwi House donde se pueden ver multitud de aves e incluso a los propios Kiwis, pero no os lo recomiendo. No lo sé a ciencia cierta (por que no estuve), pero en repetidas ocasiones lo oí nombrar y no me dieron buenas referencias al respecto, pero podéis ir y juzgarlo vosotros mismos.

Por ese motivo nos decantamos por ver a los Kiwis en el Zoo de  Auckland, resultando un acierto total y una visita obligatoria en mi Guía de Auckland en 2 días.

En mi visita a la Coromandel Peninsula hice la parada obligatoria a la majestuosa Cathedral Cove, una playa más conocida como “La Puerta de Narnia», donde tuve mala suerte con el tiempo y no pude disfrutar de ella como hubiera deseado, pero aún así, era una auténtica belleza oculta.

Con esto me refiero a que para acceder a ella tuve que realizar una caminata entre helechos gigantes y flora autóctona para finalmente descender a una cala ubicada en la base de unos acantilados rocosos llenos de árboles, muchos de ellos colgando hacia abajo, era de película.

A pesar del mal tiempo, Cathedral Cove me gustó bastante, y no solo por la descripción anterior, sino por lo que realmente es conocida, por su gran túnel natural de forma triangular en la montaña (parece excavado a mano), el cual conectaba una playa con otra. Era muy bonito y ofrecía unas perspectivas brutales donde saqué unas fotos maravillosas. Pero no fue eso lo que más acaparó mi atención, sino Te Hoho Rock, un enorme trozo de roca vertical porosa sola e inmunda con árboles en la cima. Era otra joya de la madre naturaleza. 

Para llegar hasta la playa yo divido el camino en dos tramos: el primero es hasta una replaceta llamada Cathedral Cove Car Park donde el autobús dejaba y recogía a los senderistas, y el otro es el descrito anteriormente entre la flora neozelandesa. Este último hay que hacerlo andando si o si, pero para hacer el primer tramo hay tres opciones;

    1. Hacerlo andando desde el pueblo, con el inconveniente de que la carretera tenía cuestas empinadas y de que se tardaría demasiado.
    2. En autobús, el cual salía desde una parada ubicada a la entrada de Cathedral Cove Park and Ride & Hahei Visitor Carpark, un parking gratuito. Estos autobuses realizaban viajes de ida y de vuelta por 5 NZD (unos 3€) en 2019 y el ticket se podía comprar en una máquina en la misma parada.
    3. Con vehículo propio, con la posibilidad de estacionarlo en Cathedral Cove Car Park o en los terrenos de casas particulares, ya que éstas ofrecían aparcamiento por un precio muy similar al del bus.

Tras lo dicho anteriormente, nosotros nos declinamos por la opción número dos porque era la alternativa más rápida y más cómoda tras pensar que ir andando nos llevaría mucho más tiempo, al igual que ir en coche buscando aparcamientos libres cuando el autobús valía prácticamente lo mismo, resultando una sabia elección al ver que en Cathedral Cove Car Park había 4 aparcamientos contados y no cabía ni un alfiler. Además, había un cartel que decía que en invierno estaba cerrado. Aquí os dejo información sobre el autobús.

Por otro lado, Hot Water Beach, otra de las playas más conocidas de Nueva Zelanda donde esperaba una experiencia bastante más reconfortante.

Esta playa es muy famosa porque si se excava en la arena brota agua caliente (supuestamente) pudiendo hacer así una parcela con una mini piscina privada de agua mineral termal, algo que sucede al filtrarse el agua del mar a través de la arena y por la actividad geotérmica de la zona. Cuando la marea está baja, el agua caliente emerge si se excava un hoyo, formándose así un spa con beneficios minerales para la salud de agua caliente de hasta 60º, de ahí el nombre de la playa.

Así a simple vista suena muy bien, y lo estará, pero lo único que vimos nosotros y la gente que estaba allí fue arena y más arena, el agua, ahí enfrente, en el océano. No siempre todo puede salir bien, lo sé, pero fue muy muy frustrante.

En internet hay unas fotos guapísimas de la playa, yo, lamentablemente, no os las puedo enseñar. De hecho, solo tengo la foto mostrada anteriormente, la decepción fue mayúscula. Según leí, y nos dijeron, teníamos que cavar unos dos metros de profundidad, pero yo creo que ni con una bulldozer hubiera aparecido el agua porque allí había agujeros considerables.

Para intentar hallar el agua tuvimos que alquilar una pala en los locales que había a la entrada, por lo que el precio de la clase de minería nos costó 10 NZD (unos 6€/2019).

Aunque para muchos el Hobbiton Movie Set es una de las atracciones estrella del país, para nosotros no lo fue y se convirtió en lo más decepcionante de esta región, y mira que de niño era un auténtico fan del «Señor de los Anillos», pero aunque me lluevan las críticas no nos retransmitió prácticamente nada.

Sí, hasta el más mínimo detalle estaba muy bien cuidado y representado, puesto que las casas eran muy coquetas, la mini ropa de los Hobbits estaba colgada en tendederos secando al sol, las casas con sus jardines eran muy bonitas, así como la noria junto al lago, y sobre todo, The Green Dragon Inn (Taberna del Dragón Verde), lo que más me gustó de la aldea y donde me bebí una cerveza al terminar el tour, pero aún así, no nos  convenció a ninguno de los dos.

Quizás fuera porque teníamos unas expectativas bastantes altas por haber escuchado hablar tan bien de este lugar o quizás porque esperábamos mucho más de su atracción puntera, que era entrar en una «casa y verla por dentro», lo que al final resultó ser una gran decepción, dado que la casa solo tenía 1,5 metros de ancho para entrar y sacar la cabeza por la puerta y echar una foto saliendo de ella. Y para más inri, dentro no había nada, solo paredes llenas de madera sin una triste decoración y el suelo lleno de tierra y de piedras donde descansaban unos 10-12 paraguas por si llovía. Yo esperaba poder entrar y ver la casa por dentro para ver su decoración y “poder sentir cómo vivían los Hobbits”.

En definitiva, hubiéramos preferido invertir esos 100 € en hacer otra actividad, como por ejemplo escalar el Monte Tarawera o sobrevolar White Island (antes de que entrara en erupción). Por lo tanto, como sobre gustos no hay nada escrito, mi humilde y tajante consejo es que si no sois muy forofos de los Hobbits aprovechéis vuestro valioso tiempo en Nueva Zelanda realizando otra actividad. Pero si aún así queréis ir, haréis muy bien, posiblemente os guste más que a nosotros.

Podéis conseguir los tickets directamente allí, o si lo preferís, podéis haceros con ellos previamente en su web oficial o a través de un turoperador.

La ciudad de Taupō y el Parque Nacional del Tongariro son dos destinos que he decidido que merecen una entrada aparte, ya que en el primero se concentran bastantes atracciones llamativas (aunque con alguna decepción) como rocas talladas maoríes o un río que compaginaba agua caliente con agua fría (algo muy raro), y en el segundo viví una aventura apasionante entre volcanes activos.

No dudéis en clicar sobre las palabras anteriores en azul para descubrir lo que os aguarda, no os arrepentiréis.

Y para culminar esta sección, os dejos unos enlaces bastante interesantes:

    1. Península de Coromandel, donde encontraréis un sinfín de actividades para divertiros si disponéis de tiempo.
    2. Waikato River Trails, para que los tengáis en cuenta y os perdáis entre la naturaleza.
    3. Craters of the Moon y Orakei Korako Geothermal Park, dos localizaciones muy cerca de Taupō donde podréis ver y sentir el poder de la tierra.

Si queréis descubrir más zonas de la Isla Norte de Nueva Zelanda os sugiero ver mi Ruta por Nueva Zelanda en 12 días.

“La única regla del viaje es: no vuelvas como te fuiste. Vuelve diferente”.

Anne Carson

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