Tongariro National Park

El Tongariro National Park está localizado en el corazón de la Isla Norte de Nueva Zelanda y su extensión alcanza casi los 800 kilómetros cuadrados, los cuales están repartidos en su mayoría en el Distrito de Ruapehu y en menor proporción en el Distrito de Taupō.

En 1887 fue declarado parque nacional, convirtiéndolo así en el primer parque nacional de Nueva Zelanda y por tanto en el más antiguo del país oceánico. Posteriormente, fue nombrado doble patrimonio mundial de la UNESCO (de carácter mixto) en 1990, tanto por las características naturales que posee como por la importancia cultural que tiene para el pueblo maorí.

Este parque es una meseta volcánica constituida por cráteres, entre los que se encuentran el North Crater y el South Crater, así como por volcanes activos, entre los que destacan los siguientes:

Este maravilloso conjunto de volcanes se eleva sobre el denominado “Cinturón de Fuego del Pacífico”, una zona donde se concentran el 75% de los volcanes y se originan el 90% de los terremotos del planeta debido la elevada actividad geológica y sísmica provocada por las placas tectónicas que bordean los continentes de Asia, América y Oceanía.

Pero no todo son volcanes, también se pueden encontrar lagos de color esmeralda, cascadas, riachuelos de lava secos, ríos, helechos gigantes y animales endémicos como el famoso kiwi (muy difícil de ver por ser un animal nocturno) o el Tūī, un pájaro con una bellísima combinación de colores verde, bronce, azul y blanco capaz de repetir con claridad palabras y frases humanas.

En este desolado parque se pueden realizar diversas actividades deportivas, como Mountain bike o rutas de senderismo, entre la que se encuentra la prestigiosa Tongariro Alpine Crossing, una de las rutas más famosas de senderismo de Nueva Zelanda y del mundo con una longitud de casi 20 kilómetros que discurre entre los volcanes citados anteriormente.

¿Dónde alojarse en el Tongariro National Park?

Por consejo de nuestra casera Tania (que mejor recomendación que la de una persona autóctona) nos alojamos en el Howards Mountain Lodge, un hotel en las inmediaciones del parque nacional donde ella solía hospedarse cuando iba a esquiar. 

Reservamos dos noches una habitación de cama doble con baño compartido, la cual era pequeña pero suficiente, por un precio de 85 NZD/noche (unos 50€) con desayuno incluido. El hotel contaba con una amplia cocina común, jacuzzi, lavandería, zonas comunes de entretenimiento con un mesa de billar y sofás para ver alguna de las películas que disponían, además, contaba con parking y wifi gratuito, por lo que volvería a reservarlo de nuevo. Los aseos y las duchas eran compartidas, pero estaban limpias y bien cuidadas. 

La única pega que le puse fue su desayuno, puesto que éste era muy básico y si lo llegamos a saber hubiéramos comprado previamente unas tostadas y café para hacérnoslo nosotros mismos, no contrataría de nuevo este servicio. De hecho, no vimos a nadie con el desayuno incluido, por algo será.

Mi cuaderno viajero

En primera instancia mi periplo por el Parque Nacional de Tongariro iba a ser solamente para visitar Mordor, que, como ya he mencionado antes, este fue el lugar donde residía el mal en “El Señor de los Anillos”. Pero después se tornó en una de las mejores experiencias y aventuras que he vivido hasta el momento, gracias a que descubrí la ruta Tongariro Alpine Crossing. Y es que llegué a Nueva Zelanda prácticamente a expensas de lo que fuese buscando e investigando por lo que desconocía de su existencia, pero en mi estancia en Auckland descubrí esta joya de la naturaleza. Menos mal, por que si llego a venirme de Nueva Zelanda sin hacer esta ruta de senderismo… me hubiera costado volver otra vez y hubiera sido una verdadera pena…

Por suerte, fue un gran acierto, pericia y emoción realizar la dura, pero asombrosa, ruta alpina Tongariro Alpine Crossing andando entre volcanes que podrían entrar en erupción en cualquier momento mientras me quedaba perplejo admirando sus oscuros y coloridos paisajes que quitan el hipo en medio de la nada. 

Pero eso no fue todo, la ruta también discurría entre lagos de color verde esmeralda y su parte final era totalmente opuesta al paisaje tosco y oscuro del principio. 

Mi sensación fue de haber empezado en Mordor y haber finalizado en Jurassic Park, el cambio de temperatura de uno a otro era más que notable y diría que pasamos del infierno al cielo en un kilómetro. En el siguiente apartado os relataré tanto mi experiencia como la ruta, y por supuesto, que había en su tramo final.

Pero no sólo estaba esta ruta en el parque y también contaba con otras muchas para todos los gustos, desde básicas hasta aún más exigentes que el Tongariro Alpine Crossing, como por ejemplo, el Tongariro Northern Circuit y el Round the Mountain Track, dos trekking basados en 44,9 y 66,2 kilómetros con una duración estimada de 3-4 y 4-6 días respectivamente. En este enlace podéis encontrar y conocer todas las rutas que hay tanto en el interior, como en los alrededores del parque.

Además de la fantástica experiencia del Tongariro Alpine Crossing, tuvimos otra grata vivencia en el parque. Cuando volvíamos caminando al hotel después de cenar en el Eivins Bistro & Licensed Bar (un restaurante con buena comida y vistas al Ngauruhoe que os recomiendo) al llegar a la explanada de nuestro hostal levantamos la mirada hacia el cielo con la inesperada sorpresa de verlo plagado de estrellas, de tal manera, que parecía casi de día. Solo se veían miles de luces incandescentes deslumbrando en la oscuridad y parecían estar tan sumamente cerca de nosotros que casi podíamos tocarlas. 

Prácticamente no se veía el tono negro de la noche en el cielo, ya que solo había luces en él, fue asombroso, nos quedamos estupefactos. Esto fue posible gracias a la baja contaminación lumínica que hay en la zona. De hecho, no es raro, en algunos puntos de Nueva Zelanda se puede ver la Vía Láctea. 

Y para concluir esta sección, por si no habéis leído la introducción mencionaros que el volcán Ruapehu en invierno se convierte en una estación de ski. Exacto, se puede esquiar por sus frías laderas a expensas de que en cualquier momento puedan salir millones de toneladas de lava ardiente. Esto es algo que, como poco, me parece fascinante, arriba hielo y abajo fuego, como habéis podido apreciar, no hay cabida para el aburrimiento en Nueva Zelanda.

Tongariro Alpine Crossing

El Tongariro Alpine Crossing es una maravillosa ruta de senderismo entre volcanes con una longitud de 19,4 kilómetros, por lo que es considerada como un trekking muy exigente, algo de lo que doy fe. Acabamos exhaustos y al día siguiente nos dolía absolutamente todo, algo que seguro que se debió a que no practicábamos ningún deporte por aquella época, pero no por ello nos arrepentimos tras lograrlo, sino al contrario, volveríamos con los ojos cerrados.

Fue toda una hazaña la que logramos en “Tierras de Sauron”, puesto que «solamente” tardamos unas 8 horas (5:37 horas en movimiento) en realizar esta ruta alpina con un total de 21,48 kilómetros y un desnivel positivo de 871 metros, hechos en su mayoría en los primeros 9 kilómetros (casi nada).

Quizás os estéis preguntando… ¿Por qué les salieron más km de los originales? Pues no fue porque los 19,4 nos parecieran insuficientes, sino porque nos desviamos varias veces a ver una cascada y dimos varias vueltas por alrededor de los lagos para hacer fotos.

En algunos momentos parecía que estábamos en una expedición en algún lugar remoto alejados de la civilización, ya que íbamos todos caminando en fila india hacia no se donde. Francamente, fue IMPRESIONANTE, parecíamos auténticos Hobbits escalando la “Tierra de Mordor”.

Cada uno de sus 19 kilómetros estaban señalados a la perfección, y de vez en cuando, había carteles súper graciosos que preguntaban acerca del estado físico de los viandantes y avisaban de la dureza del track. También indicaban el punto donde nos encontrábamos por si no podíamos seguir, y en tal caso, nos sugerían dar la vuelta. 

Estos avisos eran más que sensatos, puesto que el recorrido es bastante duro y allí no había absolutamente nadie para socorrer en caso de que no se esté en condiciones o surjan problemas, por lo que aunque sea precioso, también hay que ser responsable. Yo acabé con la rodilla fastidiada pero ya no había vuelta atrás, la meta estaba mucho más cerca que el inicio.

En nuestro caso, recorrimos el trazado con ciertas dificultades climatológicas, como por ejemplo, rachas de viento de hasta 50 km/h dificultando aún más si cabe la ascensión, aunque sí que es verdad que eso no es nada si se compara con las adversidades que presenta realizarla en invierno.

Obviamente, antes de iniciar la ruta hay que llegar al inicio de ella, y para ello muchos hoteles de la zona ofrecían servicio de shuttles, como fue en nuestro caso. Este bus tenía un precio de 35 NZD y ofrecía un servicio de ida y de vuelta dejándonos al inicio y recogiéndonos al final de la ruta.  Aquí os dejo otras alternativas de transporte. 

Estos autobuses tenían una franja horaria y una última hora de regreso, por lo que si no daba tiempo a hacer el recorrido en ese colchón de tiempo no se podía coger el bus de vuelta. Pero seguro que eso no os parará, tranquilos, nosotros no éramos por aquel entonces (ni ahora) los más atléticos del mundo, nuestro estado de forma era algo pésimo y “nos sobró tiempo”. 

Cerca del inicio había zonas de estacionamiento pero estaban limitadas a 4 horas, siendo útiles para quienes quieren hacer rutas más cortas o solamente adentrarse un poco en Mordor.

En la ruta había aseos cada ciertos kilómetros y pequeños merenderos en su tramo final, resultando un gran alivio para tomar un poco de aire fresco y descansar para recobrar fuerzas. Aquí dejo el mapa del track donde podéis ver datos sobre él, incluidos sus aseos. 

Dejando atrás esta breve introducción, vamos al lío. Personalmente divido el Tongariro Alpine Crossing en tres tramos:

En este primer segmento incluyo sus primeros aproximadamente 8 kilómetros, los que catalogo como los más duros porque son en continuo ascenso y es donde se concentra casi el 90 % del desnivel positivo, con pendientes de más de un 30% de desnivel en su tramo final hasta llegar al Red Crater (Cráter Rojo), el punto más alto del track. Esta parte es realmente dura.

El sendero empieza en el Valle Mangatepopo, donde por cierto hay un aseo y un grifo para recargar las cantimploras. Esto es muy importante, ya que es el único punto de agua en todo el trayecto. Los primeros metros del camino discurren por superficies abruptas con piedras sueltas y tramos con plataformas de madera entre matorrales rojizos y amarillentos (Chionochloa rubra), siendo la parte más llana del track junto con un tramo antes de subir al Red Cráter.

Una vez acabado este engañoso paseo, empieza la ruta de verdad, subiendo por zonas realmente duras con escaleras y sendas inestables entre rocas solidificadas y piedras volcánicas negras que dificultan la pisada. Las pendientes en algunos puntos alcanzaban hasta el 35% de inclinación, y esto no es nada comparado con el siguiente tramo. 

Antes de llegar a la parte final de este segmento, la ruta daba una tregua caminando sobre terreno sin desnivel entre el “Monte del Destino” (Ngauruhoe) y el Tongariro. Pero esto tan solo era una ilusión, ya que para llegar hasta el Red Crater había que volver a ascender.

Pero no os preocupeis, os aseguro que este duro inicio se solventa echando la vista hacia atrás y viendo a lo lejos el escarpado Monte Ruapehu y el majestuoso Monte Taranaki, un volcán en forma de chimenea ubicado en la costa oeste alejado como si no quisiera saber nada de estos tres volcanes. Asimismo, como mirando hacia delante, yo estaba ansioso por llegar a bordear el Monte Ngauruhoe y verlo de cerca.

Fue muy impresionante y todo un placer visual ver su combinación de colores negros, rojos y marrones cubiertos por un fino manto de nieve blanca. 

Recordaros que éste es el único tramo en el que hay agua potable y es al inicio del track.

Una vez coronado el Red Crater, este segmento discurre desde aquí hasta el Blue Lake (Lago Azul) con una longitud aproximada de unos 2,5 km pasando por los Emerald Lakes (Lagos Esmeralda). Pero antes de iniciar el tramo, os aconsejo que os paréis un minuto y miréis a vuestro alrededor. 

Yo tuve que detenerme un largo instante dada la belleza del lugar para deleitarme tranquilamente con la impresionante vista panorámica de todo el parque, quedándome absorto entre la combinación de colores oscuros del Ngauruhoe dejado atrás y los mágicos tonos de color de los Emerald Lakes que venían por delante. Simplemente grandioso.

Este ”pequeño” tramo es mi favorito porque es breve e intenso y es donde más me divertí, quizás por eso acabé con la rodilla reventada, bajando por escarpados senderos que requerían de un gran esfuerzo físico por sus pendientes de hasta 46% de desnivel negativo, ¡sí!, ¡habéis leído bien!, ¡¡46%!!, ¡que locura! En la foto anterior podéis apreciar a la derecha esta diabólica cuesta.

A pesar de este alto desnivel, disfruté como un niño desde el Red Crater hasta los Emerald Lakes descendiendo corriendo por un camino de tierra suelta, en el que tenía que ir hincando los talones para no caerme por los grandes desprendimientos que producía cada pisada, así como inclinando el cuerpo hacia atrás para no dejarme los dientes en Nueva Zelanda. Evidentemente tenía que descansar cada breve instante puesto que era imposible bajarlo del tirón, yo por lo menos.

Fueron momentos en los que el miedo y la emoción se combinaron dando paso a una explosión de adrenalina, y más aún teniendo en cuenta que cada vez que tocaba alguna roca con las manos éstas ¡estaban ardiendo!.

Una vez en los Emerald Lakes era muy muy chocante ver como salían las fumarolas de vapor de la tierra alrededor de ellos con un olor muy penetrante a azufre, haciéndome recordar que bajo mis pies la tierra estaba echándose una siesta y en cualquier momento podría despertar, como en Rotorua.

Tras quedar atónito con sus colores y pasar un buen rato fotografiándolos nos pusimos en marcha para llegar al Blue Lake, donde hicimos un mini picnic para comer y reposar antes de empezar la parte final. Este lago lo ví demasiado normalito después de presenciar los anteriores, pero también era bonito.

Quitando el descenso inicial hasta los lagos todo el resto del tramo es factible.

El tercer y ansiado último segmento es todo prácticamente cuesta abajo, lo que a estas alturas de la película se puede considerar un gran alivio. Pero no lo es, lo siento, aún quedan kilómetros para bregar y disfrutar.

Los casi 9 kilómetros restantes que transcurren desde el Blue Lake hasta el punto final de la ruta también requerían de gran desgaste físico, a pesar de que eran caminos serpenteantes aceptables con escalones de madera. Aquí fue donde mi rodilla dijo basta, debido a que con tantos escalones y la fatiga acumulada iba descendiendo aguantando todo el peso del cuerpo en cada pisada durante mucho tiempo y eso me produjo un dolor terrible, por lo que los últimos kilómetros se me hicieron muy angustiosos.

Como cabía esperar, en esta parte final también se disfrutan de unos paisajes y contrastes muy chocantes, es aquí donde me refería al principio que salía del infierno y entraba en el cielo. Hubo un momento que alcé la vista hacia el frente mientras bajaba y veía zonas boscosas y el Lake Rotoaira en el horizonte, y si retrocedía la mirada hacia atrás veía un terreno tosco volcánico y salvaje sin apenas vegetación. 

Poco a poco este terreno iba desapareciendo y tornándose más en una zona verdosa tropical con ríos rodeados de árboles, enormes helechos, musgo y moho hasta alcanzar la codiciada meta, tal y como habéis visto en la imagen anterior. El cambio de temperatura también era más que notable, al final entramos en un área fresca y agradable en comparación con el calor y el sufrimiento vivido anteriormente. 

Una vez ya en el Shuttle, poniendo tierra de por medio entre el Tongariro y nosotros, fue una gran satisfacción ir alejándonos y volver la vista atrás para ver la cima que acabábamos de coronar, culminando así una gran proeza. El Tongariro Alpine Crossing es una aventura irrechazable.

Ánimo y no dudéis en intentarlo, os sentiréis orgullosos de lograr esta gesta, os lo aseguro. No tengáis miedo a fallar, tened miedo a no intentarlo, ya que al final no recordaréis ni el tiempo que estuvísteis en el trabajo ni esa serie tan emocionante sentados tranquilamente en el sofá, ¡así que subid esa montaña!. 

A continuación, os dejo un breve video de la ruta para que os hagáis una idea sobre el recorrido.

Y para finalizar, os aconsejo que le echéis un vistazo a mi Ruta por Nueva Zelanda en 12 días para descubrir más lugares increíbles de la Isla Norte de Nueva Zelanda.

“Si no escalas la montaña, jamás podrás disfrutar del paisaje”.

Pablo Neruda

Recomendaciones para hacer el
Tongariro Alpine Crossing

La ruta no es recomendable hacerla entre los meses de mayo a octubre, ya que en su época invernal y las condiciones meteorológicas pueden llegar a ser extremas con fuertes vientos, bajas temperaturas e incluso avalanchas por acumulación de nieve, dificultando el track muchísimo. 

Nosotros la realizamos a finales noviembre, un mes en el que ya empezaba a dejarse ver el verano y la temperatura rondaba los 10 grados. Hacía un frío que pelaba por la mañana pero conforme el día iba transcurriendo el clima se iba tornando a caluroso, lo que fue de agradecer.

Ir bien equipado es importantísimo para realizar la ruta, así como ir ligero de peso. Por ello, seguidamente os doy mis recomendaciones al respecto basadas en mi experiencia:

Y hasta aquí hemos llegado, espero que si vais os lo paséis en grande.

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