Sachsenhausen

El Campo de concentración de Sachsenhausen está ubicado en la ciudad de Oranienburg en el estado federado de Brandenburgo, a unos 35 kilómetros de Berlín. Sachsenhausen fue edificado bajo el mandato Nazi en 1936 para retener primeramente a adversarios del régimen, pero después se tornó en un siniestro lugar donde apresaban y asesinaban a personas que creían que eran inferiores racialmente, como judíos o homosexuales y presos de guerra hasta el fin de la II Guerra Mundial.

Durante los años que estuvo operativo (1936-1945) más de 200.000 personas fueron encarceladas en contra de su voluntad en este campo de concentración, en el que murieron miles de internos a consecuencia del hambre, de las enfermedades y de las vejaciones por las SS (Schutzstaffel, encargados de la protección del partido nazi). También eran sometidos a laboriosas tareas de trabajo a beneficio del III Reich y fueron víctimas de los crueles experimentos médicos llevados a cabo. 

En Sachsenhausen se construyeron celdas de castigo, crematorios, sala de autopsias, zonas de fusilamiento y por si fuera poco, en 1943 llegaron a complementar tal atrocidad con una cámara de gas. Los reclusos entraban engañados a este complejo del terror por la popular Torre A atravesando una puerta de hierro donde hoy en día aún se puede leer la tétrica inscripción  “Arbeit macht frei” (trabajar te hace libre) y tras pasar numerosas calamidades muchos de ellos “abandonaban” el campo por la Estación Z, la zona de exterminio del campo a la que le pusieron ese macabro nombre en referencia al principio y al final del abecedario, o sea, entraban por A, y salían por Z.

Cuando el imperio del III Reich vió su fin, los soviéticos establecieron campos de ocupación por Alemania, y Sachsenhausen se convirtió en el más grande de todos ellos bajo el nombre de “Campo Especial Nº 7” (posteriormente Nº1) hasta 1950. Durante 5 años llegó a albergar en torno a 60.000 personas entre las que figuraban antiguos miembros de la SS, militares o políticos, estimando que unas 12.000 no consiguieron sobrevivir. En el centro del recinto se puede ver un Obelisco levantado en memoria a la liberación del campo. Hoy en día, el antiguo Campo de Concentración de Sachsenhausen es un el memorial y museo en memoria de lo ocurrido en antaño.

En este campo de concentración se llevó a cabo la “Operación Bernhard”, una maniobra realizada por la Alemania nazi basada en la falsificación de la libra esterlina y del dolar americano, con el fin de desestabilizar la economía de sus oponentes durante la guerra, en la que los nazis pusieron al mando de esta operación a judíos experimentados en artes gráficas y en falsificaciónes a cambio de un mejor trato en el campo de concentración. Este famoso trozo de historia fue trasladado más tarde al mundo del cine bajo el nombre de “Die Fälscher” (Los Falsificadores) llegando a ganar el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 2008.

¿Cómo llegar a Sachsenhausen desde Berlín

Para llegar a Sachsenhausen os recomiendo ir en tren, por lo que es necesario comprar un ticket en la estación de tren que incluya las zonas ABC, ya que Oranienburg está ubicado en la zona C. Sin embargo, si os habéis hecho con la tarjeta Berlin WelcomeCard que incluye las zonas ABC, entonces no será necesario adquirir el ticket del tren. El precio de este trayecto es de 3,80€ y su duración no es mucha, dado que ronda más o menos los 45 minutos.

Os aconsejo coger el tren S1 (dirección Oranienburg) en la estación Bahnhof Berlin Friedrichstraße ubicada a unos 10 minutos de Brandenburger Tor y bajar en la estación llamada Oranienburg, no hay opción a error, ya que es la última parada. Para volver teneis que tomar la misma línea pero en dirección Wannsee.

Una vez ya en Oranienburg, se puede llegar al memorial de dos maneras; a pie, dando un agradable paseo por la ciudad de unos 30 minutos siguiendo las indicaciones, o bien, con el autobús, tardando tan solo unos 10 minutos en llegar al campo. Éstos los encontraréis en la salida de la estación y son los números 804 y 821.

Mi cuaderno viajero

Cuando llegué a Sachsenhausen hacía un día sombrío y lluvioso, y eso le otorgó aún más, si cabe, un ambiente mucho más oscuro y siniestro de lo que esperaba encontrarme. Su entrada ya me pareció impactante, puesto que tuve que andar pegado a un muro exterior de piedra del campo en el que se podían ver paneles con fotografías de la época y textos en referencia a ellas antes de llegar a la imponente “La Torre A”, el famoso edificio de color blanco con tejado verdoso que era, y es, la cara visible del complejo. 

Para entrar al campo hay que atravesar esta construcción pasando por la famosa puerta de hierro que caracteriza a muchos de los campos de concentración de la Alemania Nazi (por no decir todos) en la que se puede leer el lema “Arbeit macht frei”. Sinceramente, da un poco de cosa fotografiarse en ella, pero es la típica foto que todo el mundo tiene cuando va a visitar estos tétricos lugares.

Una vez ya en su interior paseé por su vasta extensión de un lado a otro visitando todo el recinto encontrando a mi paso un sinfín de barracones, pudiendo acceder tan solo a unos cuantos. A pesar de que muchos de ellos eran muy interesantes y mostraban la historia del campo, para mi destacaron el destinados a la enfermería o sala de operaciones (donde además se podía bajar a unos sótanos muy espeluznantes) y el distinguido Barrancón 38, en el cual se puede apreciar a baja escala como “vivían” en ese infierno. 

Otro trágica sección que visité fueron sus crematorios, un punto en el que es mejor no pararse mucho a pensar porque produce malas sensaciones al respecto, al igual que pasa con el paredón, ya que era el lugar donde asesinaban a los prisioneros. También pude visitar las celdas de castigo y ver su célebre obelisco construido en memoria a la liberación del campo, el cual no me pareció muy llamativo en comparación con todo lo demás.

Al acabar la visita uno acaba con mal cuerpo, pensando en lo ocurrido y en lo que sufrieron miles de personas, pero sobre todo, en cómo es posible que se pueda llegar hasta tal punto. Pero bueno, a pesar de ser un lugar horroroso, merece la pena visitarlo para conocer parte de la historia y así concienciarse de que no puede volver a ocurrir de nuevo.

Aunque este lugar es realmente impactante, para mi no lo fue tanto como Mauthausen, un lugar aún mucho peor y terrorífico que Sachsenhausen a mi parecer, pero tanto en uno como en otro, en estos lugares la realidad supera a la ficción.

Cambiando un poco (bastante) de tema, para visitar este lugar os aconsejo contar con al menos medio día, ya que se os irán al menos unas 5 horas (5:30 tardé yo) entre la visita y los viajes de ida y vuelta tanto en el tren como en los de llegada al campo. Así que para aprovechar el día os recomiendo madrugar y estar a las 8:00 en la estación del tren para partir lo más temprano posible y así ir más relajado, pudiendo volver para disfrutar plácidamente de una tarde más en Berlín. 

Comentaros que en las inmediaciones de la estación de tren había un McDonald´s y varios restaurantes por si os apetece comer antes de volver a Berlín, o bien, por si os apetece conocer Oranienburg.

Y para concluir, una vez en el campo os recomiendo alquilar una audioguía en castellano por tan solo 3€, merece mucho la pena. Si por otro lado decidís ir con un tour programado desde Berlín, a continuación os dejo un par de ellos para que le echéis un vistazo; Excursión a Sachsenhausen desde Berlín y un Free tour por Sachsenhausen. En ambos debéis comprar el ticket ABC para el tren.

"Viajar te deja sin palabras y después te convierte en un narrador de historias".

Ibn Battuta

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