Rotorua

A tan solo 80 kilómetros de Taupō (otro famoso lugar turístico de Nueva Zelanda) se encuentra Rotorua, una ciudad de apenas 56.000 habitantes ubicada en Bay of Plenty a orillas de la Caldera de Rotura, un lago llamado así por su alta actividad geotérmica. Además de éste, Rotorua está rodeada de otros muchos lagos, tal como el Lake Okareka, Tikitapu y Rotokakahi entre otros.

Esta pequeña ciudad alberga un montón de tesoros naturales que atraen a miles de turistas año tras año, siendo un ejemplo de ello sus relajantes piscinas de lodo caliente y sus alucinantes parques geotérmicos, como el Wai-o-tapu Geothermal Wonderland o el Waimangu Volcanic Valley, dos lugares en los que hay, entre otras muchas más cosas, estanques de agua con alucinantes colores fluorescentes y continuas fumarolas de humo procedentes de las entrañas de la tierra.

Asimismo, en la periferia de la ciudad hay varias zonas para relajarse y descansar en plena naturaleza, como por ejemplo, piscinas de barro o de azufre y arroyos con agua muy muy caliente, estos son el Hell´s Gate y el Kerosene Creek respectivamente.

Al estar ubicada en medio de la naturaleza, Rotorua ofrece un amplio abanico de actividades al aire libre, sobre todo en el parque Whakarewarewa Forest Park donde hay fabulosas rutas laberínticas tanto de senderismo como de mountain bike entre eucaliptos y secoyas. Una de estas rutas se llama Redwoods Treewalk, un track en el cual se puede ir andando de un árbol a otro mediante puentes sobreelevados de madera atados a éstos.

A las afueras de Rotorua se encuentra el volcán activo Mount Tarawera ubicado a la falda del Lake Tarawera, donde también se pueden practicar otras actividades deportivas como piragüismo.

Pero eso no es todo, también existe la posibilidad de visitar aldeas maoríes para conocer y aprender sobre su modo de vida, sus costumbres y su cultura, así como la oportunidad de probar vinos con uva cultivada sobre suelo volcánico, quemar adrenalina en tirolesas, conducir Karts, o viajar en góndola en el Skyline Rotorua.

¿Qué ver en Rotorua?

¿Qué ver en Rotorua?

¿Dónde alojarse en Rotorua?

En nuestras dos estancias en Rotorua nos alojamos en estos dos hostales: el Young Hostel y el The Backyard Inn Accommodation, los cuales os detallo a continuación:

Esta vez voy a empezar por donde no alojarse, en el Young Hostel. En este lugar pensábamos que habíamos reservado unos cubículos ubicados en el jardín que tenían una pinta bestial, pero no sé por qué, nos tocó una habitación dentro de la casa donde no pudimos descansar porque daba a la cocina y por la noche estaban ahí de fiesta sin respetar las normas horarias.

Cuando llegamos no había nadie para hacer el Check-in y dedujimos cual era nuestra habitación, la cual tampoco tenía desperdicio, o sea, estaba pintada fatal, las sábanas estaban deterioradas y la ventana estaba rota (entre lo más destacado).

El hostal tenía una cocina compartida muy acogedora (reformada recientemente) pero con unos baños que daban miedo, así como una fachada que transmitía la sensación de estar abandonado. Tampoco esperaba alojarme en el Ritz por 75 NZD/noche (unos 45€) pero imaginaba algo mejor.

Lo más raro de todo ocurrió antes de irnos, ya que a la hora de pagar la reserva el dueño nos ofreció un descuento sobre el precio si pagábamos en efectivo en vez de con tarjeta, siendo este importe mucho menor que el importe establecido en la plataforma a través de la cual realizamos la reserva. Me resultó muy extraña la situación, pero por supuesto, pagamos en efectivo (pidiendo una factura), puesto que todo ahorro siempre es bienvenido, y ya a saber que jaleos se llevaba el dueño. Si volviera a Rotorua, desde luego que NO volvería otra vez aquí.

El segundo, y desde luego más acogedor que el anterior, se llama The Backyard Inn Accommodation. Este sí que tenía mucha mejor pinta, además de piscina, restaurante, cafetería, aseos adecuados, una cocina compartida con sofás, una mesa de futbolín y para colmo, era más barato (62 NZD/noche, unos 37€).

Si que es verdad que la habitación era muy pequeña, pero en cambio, era muy acogedora porque las paredes estaban forradas con madera y simulaban un ambiente de montaña. Su cama era muy confortable y la atención prestada por los oficinistas fue excelente. Volvería de nuevo, no se puede pedir más por ese precio.

Mi cuaderno viajero

Junto con el Tongariro National Park, el extrarradio de Rotorua fue la zona más espectacular que visité en Nueva Zelanda, dado que pude sentir y apreciar la ferocidad de la tierra bajo mis pies en sus géiseres y sus parques geotérmicos, hasta de las alcantarillas de la ciudad salía vapor al estilo neoyorquino.

También tuve el placer de conocer la cultura maorí y presenciar su famosa Haka en directo, así como darme relajados baños en piscinas termales de barro y en ríos ardiendo. Por lo tanto, diría que aquí viví una experiencia fabulosa en plena naturaleza de lo más sorprendente e inesperada, hasta aprendí el origen de la palabra Tattoo (más adelante os lo descubriré). Me gustó tanto, que tuve que volver una segunda vez para terminar de hacer cosas que me quedaron pendientes.

En cambio, la ciudad de Rotorua en sí, no me dió buena sensaciones. Salimos una noche a cenar a un McDonald’s que había cercano al Young Hostel y en nuestro camino tanto de ida como de vuelta nos encontramos con gente muy ajetreada y una persona chillando por mitad de la calle y corriendo. No me gustó nada esa situación, aunque entiendo que son cosas que pueden ocurrir en cualquier ciudad del mundo. Por si os sirve de orientación, unos amigos cenaron en Fat Dog Café y les gustó bastante.

En Rotorua había un fuerte olor a huevo podrido que se percibía por toda la ciudad, esto era debido al azufre que emanaba de los géiseres que la rodeaban, por lo que os podéis imaginar lo desagradable que era, había un pestazo tremendo. De hecho, este olor era tan penetrante que 6 meses después mis camisetas aún tenían este pestilente pero sentimental olor.

Dejando de lado esta anécdota, visité los siguientes puntos turísticos en la ciudad del huevo podrido,  de los cuales no podría decantarme por ninguno en concreto porque todos y cada uno de ellos fueron espectaculares. Aunque he de reconocer que lo más más llamativo para mí en Rotorua fue el primer de los siguientes puntos:

El parque geotérmico de Wai-o-tapu Geothermal Wonderland me fascinó por la diversidad de los colores fluorescentes que tenían sus lagunas (verdes, naranjas, azules, grises, amarillos o marrones), por los charcos de barro que había pegándose pedos, por los geíseres y por los fogatas de vapor que emitía la tierra haciéndome pensar que estaba en otro planeta, sencillamente fue sensacional.

Aunque para muchos la estrella del parque es el Lady Knox Geyser, para mi sin duda lo fue la Champagne Pool. Esta piscina era un gran agujero en el suelo en continua ebullición que emanaba incesantemente vapores y burbujas desde lo más profundo de la tierra sin descanso a través del agua, un agua de color naranja, gris, verde y azul sumamente llamativa.

Fue fascinante ver y sentir como la tierra respiraba bajo mis pies. Para llegar a la Piscina de Champán tuve que atravesar un suelo humeante y burbujeante bajo una plataforma de madera, la cual no me dió mucha seguridad y por lo tanto me dió que pensar: como el suelo se hunda… se va a liar una buena, no creo que lo cuente, pero por suerte no pasó.

Lady Knox Geyser-Nueva Zelanda

Referente al Lady Knox Geyser, tengo poco que decir, una explanada rodeada de árboles a reventar de gente con todos los móviles en alto (incluyéndome a mí) esperando a que una persona le abocara jabón en el agujero, para entonces, empezar a escupir espuma hasta que entrara en erupción entre una altura de 10 y 20 metros. Esto ocurría diariamente a las 10:15 (2019).

Sinceramente, no me pareció para tanto, ya que ver los menos famosos Géiseres Pōhutu, Te Tohu o Kererū en acción en la aldea maorí y de forma natural sin manipularlo me pareció mucho más espectacular. Pero bueno, ya que estaba incluido en el recorrido del parque pues era una tontería no ir a verlo, quizás a vosotros os guste más el Lady Knox. 

El Lady Knox Geyser estaba localizado en otra zona del parque muy próxima al recinto principal, donde, por cierto, adquirí la entrada, por lo que tuve que coger el vehículo y desplazarme para verlo.

Otra peculiaridad que me impactó en Wai-O-Tapu fue El Baño del Diablo (Devil´s Bath), el cual poseía una tonalidad de color verde extraordinariamente llamativa, tal y como habéis podido apreciar en la imagen anterior. Su nombre da un poco de respeto, y no es para menos, ya que esta Piscina del Diablo es solo para él por su alto contenido en minerales. Por ello, aquí sería imposible bañarse.

El precio de está actividad fue de 32 NZD en 2019, unos 20 €.

Aparte de este parque geotérmico, también había otro por la zona con una pintaza tremenda llamado Waimangu Volcanic Valley, por si queréis investigarlo y os apetece ir más a éste, o a los dos.

Una visita obligatoria que hay que hacer sí o sí en Nueva Zelanda es visitar una aldea maorí, ya que es una experiencia en todos los sentidos conocer su estilo vida, sus casas, sus costumbres, su cultura y su gastronomía, así que, por estos motivos, elegimos la Whakarewarewa Maori Village para conocer a este pueblo indígena ubicado en el Valle de Te Puia.

Por suerte en nuestra visita contamos con un graciosísimo guía autóctono de la aldea súper majo que iba vestido con sus atuendos maoríes, era súper auténtico y un cachondo, siempre estaba gastándonos bromas y contándonos chistes haciéndonos la visita muy amena. De hecho, hoy en día aún lo recuerdo y me parto de risa.

Este peculiar guía nos hizo un breve tour alrededor de las bellas casas de la aldea explicándonos y relatándonos historias acerca de los géiseres que se encontraban entre las casas. Algunas estaban derrumbadas por el hundimiento de la tierra, y es que como ya he mencionado, Rotorua ésta viva.

También nos enseñó cómo hacen una de sus comidas típicas, el “Hāngi», un plato muy parecido a un pastel de carne con una elaboración única. Su proceso era el siguiente: primero colocaban la carne dentro de unas cestas y después las metían en un pozo o agujero en la tierra rodeandolas de piedras volcánicas calientes. Después, tapaban el agujero para que la carne se cociera con el calor de la tierra, y unas horas más tarde, ya tenían su comida preparada. Creo que es la mejor barbacoa/horno que he visto, más rústico y artesanal, imposible.

Según nos contó nuestro encantador guía, hace años metían las cestas directamente dentro de un geiser y en tan solo unos minutos salía la carne lista para su consumo, pero en una de las últimas erupciones del Volcán Etna (Italia) el agua del géiser se adentró unos 4 metros cambiando las mineralizaciones de éste, provocando que sea insalubre seguir haciéndolo mediante esta técnica.

Para mí en este caso lo curioso no fue su sorpréndete método de cocción, sino que, ¿cómo es posible que un volcán y un géiser ubicados cada uno en una punta del mundo estén conectados?, es increíble.

A resumir cuentas, no me  gustó mucho el “Hāngi”, su textura era muy blandurria y no tenía mucho sabor, pero lo que sí me gustó fueron sus mazorcas de maíz, éstas sí que estaban cocinadas dentro del géiser al no verse afectadas por las mineralizaciones. 

Otra historia que nos contó fue la procedencia del nombre de lo que conocemos hoy en día como tatuajes. Como bien sabréis, los maoríes tienen su cara y cuerpo tatuado, pues bien, lo que seguro que no sabéis, es que estos tatuajes se los hacían antiguamente a golpes con una costilla de águila sobre la piel, y ese ruido que producía el impacto del hueso con la piel emitía un sonido similar a TA-TTOO, TA-TTOO, TA-TTOO. Por lo que cuando llegaron los británicos, al no saber el idioma maorí y no entender como llamaban a este proceso, lo denominaron como lo escucharon, siendo éste el origen de la palabra Tattoo. Por cierto, en maorí se llama ‘ta moko’.

Y por supuesto, presenciamos en directo la famosa danza de guerra maorí llamada «Haka», que es mundialmente conocida por ser bailada por la selección de rugby neozelandesa (All Blacks) previo al inicio del partido, resultando todo un espectáculo y una experiencia auténtica e imprescindible.  También nos deleitamos con otro espectáculo, pero en este caso de la madre naturaleza viendo el Geyser Pohutu explosionar, el cual entra en erupción (de forma natural, no como el Lady Knox) con un gran estruendo hasta 20 veces al día alcanzando una altura de unos 30 metros.

En resumidas cuentas, fue una experiencia muy bonita, y pensar que estábamos dudando si ir o no, pero por suerte, al final tomamos la decisión correcta. Por esta duda casi nos quedamos sin entrada, puesto que la reservamos el día de antes y ya escaseaban, por lo que os aconsejo reservar con más antelación.

Para vuestra información, encontramos tres aldeas maoríes en Rotorua: la Tamaki Maori Village (actualmente llamada Pā Tū), la Mitai Maori Village y la ya conocida Whakarewarewa Maori Village. ¿Por qué nos decantamos por esta última? Pues nuestras dos razones fueron las siguientes: el primer motivo fue que la aldea Whakarewarewa nos ofrecía todo lo que buscábamos por un precio muy inferior a las demás, siendo éste de 40 NZD (24 €) y de 189 NZD (112 €) y de 123 NZD (74 €) el precio de la aldea Tamaki y Mitai respectivamente (todos los precios son por persona, 2019).

Como habéis podido comprobar, la diferencia era abismal, pero sí que es verdad que éstas dos últimas ofrecían más espectáculos a lo grande y parecían ser bastante más sofisticadas, algo que no nos gustó porque nos dió la sensación de que estaban más enfocadas a los turistas perdiendo su esencia y su naturalidad, siendo este nuestro segundo motivo para decantarnos por Whakarewarewa. Además, era la única aldea en la que aún residían los indígenas.

Por cierto, si queréis comprar de recuerdo alguna escultura maorí para colgar en vuestra pared (como fue mi caso) o de recuerdo para algún ser querido, os aconsejo comprarlas en las tiendas de Rotorua, ya que eran más baratas y había más variedad.

Otro lugar fabuloso en este paraíso natural fue el Whakarewarewa Forest Park (The Redwoods), el cual se podía visitar o bien en bicicleta a través de The Redwoods Bike Park o bien haciendo senderismo a través del Redwoods Treewalk, una ruta que transcurría sobre puentes a unos 25 metros de altura atados de unos árboles a otros sobre helechos y cientos de plantas. 

Nosotros elegimos la primera opción, la cual os detallaré a continuación, ya que creímos que sería mucho más divertido y que exploraríamos más territorio en menos tiempo. Pero si os decidís por hacerlo andando, podéis contratar esta experiencia en su website. Por cierto, esta ruta podía hacerse tanto de día como de noche.

Alquilamos nuestras mountains bikes en una tienda local llamada Mountain Bike Rotorua por tan solo 39 NZD bici y día (unos 24€). En esta tienda ofrecían hasta bicicletas de montaña de doble suspensión para sacarle el máximo partido a las rutas más exigentes y sentir la adrenalina, yo hice algunas de ellas y eran alucinantes. En Mountain Bike Rotorua nos dieron un mapa del bosque con todo muy bien detallado y también nos dieron muy buenas explicaciones sobre las rutas. Asimismo, ofrecían rutas guiadas.

Estuvimos todo el día para arriba y para abajo disfrutando de lo lindo, perdiéndonos entre enormes secuoyas y helechos gigantescos que a veces no permitían pasar la luz del sol. Si sois ciclistas habituales de mountain bike (como yo) disfrutaréis un montón, sobre todo en su Bike Park pegando saltos. Nos lo pasamos en grande, de eso no cabe duda, como tampoco de que acabamos reventados, pero mereció la pena cada pedalada.

El parque era un complejo laberíntico de tracks bien señalizados (aunque aún así nos perdimos) de diferentes niveles, desde muy sencillo hasta nivel extremo con senderos estrechos y socavones donde solo cabía el canto de la rueda.

Y qué mejor manera después de un duro día de ejercicio que un buen baño atípico y relajante en el Hell’s Gate, no todo va a ser caminar e ir en bici, también hay que recargar pilas.

Hell’s Gate Geothermal Reserve and Mud Spa es uno de los parques con más actividad geométrica de Nueva Zelanda (y cuál no) en el que se podía visitar dicho parque y también bañarse tanto en piscinas de azufre como en piscinas de barro. Entre ellas se encontraban piscinas de barro negro para aliviar la artritis, de barro blanco utilizado para alivio de quemaduras y de barro gris para exfoliar la piel, de las cuales no tengo ni la más romota idea de en cual nos metimos, yo solo quería empringarme y jugar con el barro. 

Estuvimos solo alrededor de unos 20 minutos revolcándonos en el barro como hipopótamos, bueno, yo más bien, dado que más tiempo era perjudicial para la salud por las características de éste, y a parte, ahí estaba el guarda con su cronómetro en mano vigilando la duración del baño, no había manera de estar más tiempo.

Tras gozar en el barro nos remojamos en todas las piscinas de azufre que había en el complejo y la verdad, no notaba que me estaba bañando en agua con tales características, por lo que el barro me gustó mucho más. Cada una de las piscinas estaban a diferentes temperaturas y tenían unas agradables vistas a la actividad geotérmica del parque, o sea, nos estábamos bañando relajadamente mientras veíamos en primera línea la tierra expulsando vapores de humo, no se podía pedir más.

En el parque disponían de todo, tanto duchas como aseos y hasta agua gratis para no deshidratarnos debido a las temperaturas de las piscinas y a sus propiedades. Todo estaba muy bien organizado y cuidado. Su precio fue de 79 NZD/persona (unos 48€) y mereció la pena. La entrada la reservamos directamente desde su página web.

Para concluir, un dato importante. No está permitido el baño con objetos de oro, debido a que los compuestos minerales del barro y del azufre lo pueden corromper, así que si lleváis con vosotros joyas con este metal precioso las tendréis que dejar con vuestras pertenencias en una caja que os darán antes de entrar, o bien, en el vehículo si os da más seguridad.

Otra zona donde estuvimos a remojo en Rotorua fue en el Kerosene creek, un lugar, en el que acabamos agotados por la elevada temperatura del agua. El Kerosene creek era un río en medio de la nada con varios socavones que hacían de piscinas naturales rodeados de vegetación.

Estuvimos solamente alrededor de unos 15 minutos bañándonos porque era absolutamente imposible estar más tiempo dentro de sus piscinas, ya que su agua estaba…¡¡casi hirviendo!! Ufff, estaba tan sumamente caliente que tuvimos que salirnos porque estábamos hasta mareados por la temperatura del agua. Nuestros cuerpos despedían tanto humo que parecíamos los
géiseres de Whakarewarewa, fue fantástico.

También había una cascada preciosa para colocarse debajo y dejar que la naturaleza masajeara por inercia la espalda. El agua de ésta descansaba en la piscina más grande, donde por cierto, no había manera de ver lo que había en el fondo por el movimiento de agua de la cascada, y eso, no me aportaba mucha seguridad con todos los animales raros que había por allí… pero volvería a meterme de nuevo.

A escasos metros del arroyo había una explanada para dejar el vehículo. Os recomiendo no dejar vuestras pertenencias de valor en el coche, ya que en este parking ví a varias personas merodeando por allí que no me transmitieron mucha confianza. Esta actividad era gratuita.

Y estas fueron mis sensaciones, vivencias y experiencias en Rotorua. A parte de estos lugares, me quedaron algunas cosas pendientes por visitar, como por ejemplo, el lugar de ocio más famoso de la ciudad y un par de volcanes: 

El Skyline Rotorua es una zona con diversidad de actividades, entre las que se encuentran karts, catas de vinos con uva crecida en suelo volcánico, paseos en góndola y tirolesas. Pero lo más famoso es su señal Rotovegas, un cartel con un parecido más que significativo al famoso Welcome To Fabulous Las Vegas que me hubiera gustado ver y comparar con éste.

Cerca de Rotorua se encuentra el Lake Tarawera y a poco más de 1 hora el Mount Tarawera, un volcán con una maravillosa combinación de colores que puede ser visitado caminando. Cada vez que recuerdo que no fuí me lamento, ya que días atrás “perdí el tiempo” visitando Hobbiton (Región de Waikato) en vez de escalar este volcán.

Otro volcán es el Whakaari o White Island. A pesar de que está algo alejado de Rotorua, os lo doy a conocer porque creo que es muy interesante debido a que actualmente es el único volcán marino activo en Nueva Zelanda y porque sus colores son realmente sorprendentes. Bueno, por eso, y por las ganas con las que me quedé de ir. La decisión de no visitarlo fue porque mientras decidíamos cómo lo íbamos a visitar, si sobrevolándolo o andando, éste entró en erupción el 9 de diciembre de 2019 ocasionando lamentablemente víctimas mortales.

Sin embargo, unos amigos estuvieron años atrás sobrevolando la isla y solo nos contaron maravillas al respecto. Para visitar este volcán ubicado a casi 50 kilómetros de Whakatāne, su ciudad más próxima localizada en la Bay of Plenty, tenéis 3 alternativas; sobrevolarlo con White Island Flights, llegar a él en helicóptero y descender por medición de Frontier Helicopters para después visitarlo, o recorrerlo en un tour de 5 horas llegando en barco. Estas actividades empiezan desde los 150 €.

Podéis echarle un vistazo a otra excursión a la Isla Blanca y al Tarawera en Tours en Rotorua. Pasadlo bien y tened cuidado, mezclar placer con peligro a veces puede ser muy arriesgado. 

Hablando de la Bay of Plenty, lugar donde se ubica Rotorua como ya sabéis, en esta zona podéis hacer también un montón de actividades, como es el caso de avistamiento de delfines, rutas de senderismo y en bicicleta, paracaidismo, o visitar sus playas.

Si os han gustado estos increíbles lugares, os recomiendo ver mi Ruta por Nueva Zelanda en 12 días para descubrir más sobre la Isla Norte de Nueva Zelanda.

“Cada cien metros, el mundo cambia”.

Roberto Bolaño

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