Potsdam

Potsdam está ubicada a escasos 35 kilómetros de Berlín y es la capital del estado de Brandenburgo con una población de casi 150.000 habitantes. Esta bellísima ciudad es atravesada por el río Fluss Havel y posee una  gran cantidad de lagos, como por ejemplo el Sacrower See, el Griebnitz See, el Heiliger See o el Jungfernsee, lugar donde se localiza el puente de hierro Glienicker Brücke, famoso por haber sido el punto donde se hacían intercambios de espías durante la Guerra Fría.

Potsdam es una ciudad abarrotada de colosales complejos arquitectónicos con grandes jardines, en la que hay más o menos un total de 500 hectáreas de parques y unos 150 palacios que ocupan las tres cuartas partes de la superficie de Potsdam. 

La ciudad de los palacios fue declarada patrimonio de la humanidad en 1991 por la UNESCO y algunos de sus palacios fueron la residencia de antiguos reyes prusianos, como por ejemplo el célebre Palacio de Sanssouci, que en su momento fue la casa de verano de Federico el Grande, quien dada su gran pasión por la arquitectura italiana construyó unos espectaculares jardines y palacios de corte italiano. 

Otros ejemplos de palacios de gran calado son el Nuevo Palacio de Potsdam, la iglesia Friedenskirche, la Casa de té China y el Palacio Cecilienhof, con la peculiaridad de estar construido con madera y ladrillo. Actualmente este edificio es utilizado como museo y hotel, pero lo que realmente lo hace famoso es que en antaño, tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, aquí se reunieron Stalin, Truman y Churchill para decidir sobre el futuro de Alemania, conociéndose tal evento como la Conferencia de Potsdam.

Además de lagos, palacios y jardines, Potsdam también cuenta con preciosas iglesias como la Iglesia de San Nicolás, bonitas islas como la Pfaueninsel, museos como el Museo Barberini y varias colinas siendo la más popular la colina Pfingstberg, por estar ubicado sobre ella el Belvedere Castle, el cuál es conocido por ser el  mejor mirador renacentista de la ciudad. 

Y como no podía ser de otra forma, al ser la capital del estado de Brandenburgo posee su propia Puerta de Brandenburgo. Asimismo, por si fuera poco, también posee Baños Romanos al lado del Palacio Charlottenhof y una construcción de estilo árabe que parece una mezquita llamada Dampfmaschinenhaus, en la cual se encontraba la máquina de vapor más potente del mundo.

¿Qué ver en Potsdam?

¿Qué ver en Potsdam?

¿Cómo llegar a Potsdam desde Berlín ?

La llegada a la coqueta ciudad de los palacios es sumamente sencilla, tan solo hay que comprar un billete para las zonas ABC en la estación central de Berlín (Berlín Hauptbahnhof) donde debéis coger el tren S7 en dirección Potsdam Hbf para llegar en torno a unos 35 minutos. En cambio, si os habéis hecho con la tarjeta Berlin WelcomeCard que incluye las zonas ABC, entonces no será necesario el ticket del tren.

Mi cuaderno viajero

Decidí ir a Potsdam por recomendación y sin saber lo que me encontraría (como era habitual por aquel entonces) y fue un acierto total, ya que junto con Brujas, Potsdam es la “ciudad pequeña” más bonita que he visitado hasta la fecha. Esto se debe a su intachable combinación de naturaleza con la cultura, conectando perfectamente ríos, lagos, islas, colinas y jardines con torres, castillos, puentes, esculturas, museos, baños romanos e increíbles palacios de corte italiano (entre otros). 

Y por si fuese poco, se podía disfrutar de todo ello sobre la bicicleta, puesto que la ciudad estaba muy bien preparada para visitarla sobre este medio de transporte y diría que casi todos de sus visitantes lo utilizan para conocerla, y los que no, lo hacen paseando o en kayak. Este factor le otorgó un toque muy diferente y especial.

En las 6 horas que visité la ciudad a base de pedal me dió tiempo a verlo prácticamente todo pero, como es lógico sin profundizar demasiado, sacando en claro que todo lo que ví me gustó, pero destacaría especialmente el Palacio de Sanssouci y el Palacio Cecilienhof

El primero de ellos me pareció una preciosidad por su estilo rococó, pero aún me pareció mucho mejor su puesta en escena, dado que estaba rodeado completamente de vegetación y frente a él habían unos enormes jardines escalonados ladera hacia abajo creando una estampa de postal. El segundo también era muy bonito por la impecable combinación de ladrillo y madera que presentaba su fachada, así como por sus bonitos jardines, que no fueran tan grandes como los de Sanssouci pero en cambio eran más coquetos. 

Todo lo demás, como el Palacio de Charlottenhof, el Palacio Nuevo, el Pabellón chino, el Palacio Babelsberg, el Dampfmaschinenhaus o el Belvedere Pfingstberg entre otros, no es que no destacaran, si no que es muy difícil hacerlo en un lugar donde todo es espectacular. 

 

Para poder hacer realidad ese agradable día alquilé la bicicleta en la primera tienda que me encontré llamada Pedales Radstation, un local ubicado al salir de la estación Potsdam Hauptbahnhof justo a mano izquierda en la calle Babelsberger Straße. 

La bicicleta tan solo me costó 12 €/día y me proporcionaron un mapa con el recorrido en el que estaban marcados los puntos de interés más relevantes (el cual os dejo aquí  por si tenéis curiosidad). 

También disponían de audioguías para alquilar e incluso pude leer que ciertos días disponen de tours guiados. Y por si os sirve de ayuda, después me enteré que hay otra tienda en la estación de tren Griebnitzsee (un poco antes de Hauptbahnhof) donde aparte de tener bicicletas también disponían de kayaks, canoas y tablas de surf para alquilar dada su cercanía al lago Griebnitzsee.

 

Aunque recomiendo encarecidamente recorrer la capital de Brandeburgo sobre dos ruedas, si no os apetece pedalear existe la posibilidad de visitarla en Segway o en un autobús turístico, pero el inconveniente de este último es que solo está en funcionamiento normalmente de abril a noviembre (data del año 2021). Estas opciones y varios tours (entre los que se encuentra un free tour) las tenéis en el apartado Tours en Potsdam.

En conclusión, Potsdam es sencillamente preciosa y la definiría como un museo al aire libre que puede ser visitado en bicicleta en el que uno acaba exhausto, pero no del esfuerzo físico, si no de tanta belleza arquitectónica y natural junta. De hecho, aunque las comparaciones son odiosas y no tienen nada que ver la una con la otra, me atrevo a decir que me gustó mucho más que Berlín.

“El mundo es un libro y aquellos que no viajan leen sólo una página”.

Agustín de Hipona

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