Milán

La historia de Milán se remonta al 400 a.C. cuando los celtas pusieron el primer asentamiento en la zona hasta el año 222 a.C., época en la que los romanos tomaron posesión durante muchos años, en los que incluso llegó a ser la capital del Imperio Romano de Occidente por más de 100 años. 

Tras la caída de éste, la ciudad fue arrasada por los hunos en el 450 y ocupada por hérulos, ostrogodos, bizantinos y lombardos a la largo de los años hasta que fue conquistada por Carlomagno en el año 774. 

Durante la segunda mitad del siglo XII, la ciudad volvió a sufrir saqueos, entre ellos de Federico I de Barbarroja, y no fue hasta la llegada de la familia Visconti (1277 y 1447) cuando Milán empezó a alcanzar su máximo esplendor, continuado por la familia Sforza, quienes tomaron posesión de la ciudad en el año 1450 y contribuyeron, entre otras cosas, con el Castello Sforzesco. Esta familia, además, contaba con el servicio de Leonado da Vinci, autor de la obra de arte “La última cena”.

Años más tarde, Milán fue gobernada por los franceses hasta 1540. Asimismo, también estuvo bajo el mandato de los españoles durante unos 170 años dejando la ciudad bastante deteriorada hasta que fue tomada por los Habsburgo en el siglo XVIII, quienes le devolvieron el esplendor perdido. Hasta Napoleón reinó sobre Milán hasta que fue derrotado. 

Nuevamente la ciudad volvió a los austríacos en 1814, cediendo su dominio en 1859 al Reino de Piamonte-Cerdeña (más tarde el Reino de Italia). Después se convirtió en la cuna de los movimientos fascistas a mano de Benito Mussolini y posteriormente sufrió la ocupación nazi hasta abril de 1945, que fue sublevada por los partisanos. 

Hoy en día, Milán es la segunda ciudad más habitada del país con alrededor de unos 1,4 millones de habitantes tan solo superada por la legendaria ciudad de Roma. Pero en cambio, es la mayor área metropolitana del país Mediterráneo, de igual manera que es el motor económico y la ciudad más cosmopolita de Italia.

La capital de la región de Lombardía es famosa por su impresionante Duomo y por su Galería Vittorio Emanuele II, donde se encuentran las firmas de moda más lujosas, y es que Milán es mundialmente conocida como la ciudad de la moda y del diseño. 

Además de ello, es una ciudad muy rica en cultura e historia y está repleta de hermosas basílicas e iglesias, así como de históricos lugares como el Teatro alla Scala y de numerosos museos, como la Pinacoteca de Brera.

Esta ciudad italiana también es conocida por sus bohemios canales de agua tipo Venecia, en los que los milaneses y los turistas disfrutan de su tiempo libre, y cuenta con un lugar de descanso que es una verdadera obra de arte al aire libre, el Cimitero Monumentale di Milano, un lugar santo donde se hallan cientos de esculturas y preciosos mausoleos repartidos por todo el recinto llevados a cabo por artistas de renombre.

¿Qué ver en Milán?

¿Qué ver en Milán?

¿Dónde alojarse en Milán?

Para que os vayáis haciendo una idea de esta ciudad antes de leer Mi cuaderno viajero, os adelanto que Milán es una ciudad cara, y por lo tanto, sus hoteles no van a ser menos. 

Tras una búsqueda exhaustiva al final me decanté por el Hotel Palazzo Delle Stelline porque fue el alojamiento más económico que encontré y además incluía desayuno por 109€/noche (2022). Quizás no resulte caro, pero diría que hasta ese momento nunca había pasado de la barrera de los 100€/noche para alojarme en una ciudad europea. Pero aparte de ello, lo elegí porque estaba ubicado justo enfrente de la iglesia Santa Maria delle Grazie y tenía una boca de metro a tan solo 5 minutos con buenas conexiones, entre la que se incluía la Plaza del Duomo en tán solo 3 paradas. 

La habitación era bastante amplia y la cama grande y confortable, pero el aseo era minúsculo y estaba algo deteriorado. El desayuno no tenía mucha variedad, pero a pesar de ello, y de su aseo de juguete, volvería de nuevo.

Por cierto, algo que fue muy raro, es que me tocó ¡una habitación con vistas! Menciono esta curiosidad porque siempre me tocan las hermosas vistas de los patios de luces, así que imaginaros mi felicidad en ese momento al tener vistas a la Iglesia Santa Maria delle Grazie desde mi habitación. Fue todo un lujo, aunque solo viese su tejado.  

¿Cómo llegar a Milán desde el aeropuerto?

En los alrededores de Milán se hallan tres aeropuertos a los que podéis llegar según la aerolínea que elijáis para realizar vuestro viaje, estos son: el Aeropuerto de Linate, el Aeropuerto de Malpensa y el Aeropuerto de Bérgamo

Todos ellos tienen conexión directa en autobús con la céntrica Estación Central de Milán, y por eso es la opción que escogí y que os recomiendo, además, es la opción más económica. Sin embargo, como en todas las ciudades también hay disponibilidad de traslados privados, pero en este caso eran muy caros y los descarté directamente.

Si elegís la opción del transporte público y aterrizáis en el Aeropuerto de Bérgamo como yo, una vez en el exterior del aeropuerto solamente debéis buscar el bus de la empresa “Terravision” entre los cientos de autobuses que habrá frente a la puerta de salida y enseñarle el voucher a la persona que hay junto al bus para que os lo chequee y os deje subir. 

Una vez en la estación central, para llegar al corazón de Milán debéis coger el metro M3 (color naranja) ubicado justo enfrente de la estación, la parada se llama Centrale FS. Debéis ir en dirección San Donato y bajar 4 paradas después en Duomo para llegar al corazón de Milán. 

En cambio, si os vais a hospedar en el hotel que os he recomendado tenéis que tomar la línea del metro M2 (color verde) localizada igualmente frente a la estación en dirección Abbiategrasso y bajar en la parada Cadorna. Después solo tenéis que caminar 5 minutos hasta el hotel. 

En ambas opciones la duración del trayecto ronda los 15-17 minutos. El precio del autobús era de 8€ y el del billete de metro (para un día) era de 7€ a principios de 2022. Os dejo el mapa del metro para que os sirva de apoyo. 

Al igual que desde Bérgamo, desde Linate y desde Malpensa la opción para llegar al centro y al hotel debe ser la misma, puesto que como ya sabéis, todos llegan a la Estación Central de Milán.

Para regresar a casa me tocó ir al aeropuerto de Malpensa y la salida de los autobuses se encontraba en el lateral de la estación frente al Mercato Centrale Milano. Al igual que antes, únicamente había que enseñarle el voucher para subir al bus. Tanto desde Bérgamo como desde Malpensa, la duración del trayecto fue de 50-60 minutos. 

Mi cuaderno viajero

Después de 4 años sin surcar el cielo del antiguo continente (para visitarlo) me subí de nuevo a un avión de juguete para descubrir la capital de Lombardía. Le otorgo ese calificativo al avión porque por aquel entonces solo viajaba fuera de Europa, y como ya sabés, los aviones son enormes y por eso éste me pareció sumamente pequeño y agobiante. 

A priori, Milán me pareció una ciudad que no ofrecía mucho turísticamente y por eso no tenía muchas ganas de ir, pero una vez allí y tras un maratón de pasos, cambié de opinión. 

Milán es una ciudad muy cara (aunque no tanto como Oslo) y llena de lujos, ya que no he visto tantos bolsos de Luois Vuitton juntos en toda mi vida, y con esto no me refiero en los escaparates. Continuamente veía coches de alta gama por todos lados (aunque menos que en Dubái) como si fuesen Cinquecentos. 

Los platos de comida no eran excesivamente caros, pero la bebida era otro tema y pegaban unos buenos sacudidos, como por ejemplo, 9€ por una cerveza o 5€ por una botella de agua de medio litro. Y a todo esto había que sumarle el “cuperto”, que venían siendo 2 o 4€/persona de suplemento por el servicio en cada comida. 

Y haciendo la última referencia a lo cara que me pareció esta ciudad, decidimos no ir a ver el cuadro de la última cena debido a que ya solo nos quedaba la opción de verlo con un tour guiado y las dos entradas nos costaban la friolera de casi 140€, y si que es verdad que es una auténtica obra de arte, pero no nos apetecía invertir tal cantidad en ver “un cuadro”. No, como acabáis de comprobar, no somos muy de arte.

Naviglio Milán

Una de las cosas que más me gustaron de Milán fueron sus canales tipo Venecia, concretamente el Naviglio Grande. El ambiente en esta zona era muy agradable, había restaurantes y pubs a ambos lados del canal con un aire muy similar al de Granada, porque cuando pedía un par de cervezas me traían una tapa gratis. 

Esta encantadora acción se denominaba “Aperitivo” y se llevaba a cabo entre las 18:00 y las 23:00 horas, algo raro para mí, dado que en España conocemos al aperitivo como el momento antes de comer y no de cenar. Pero bueno, eso no me impidió “cenar gratis” gracias a esta fabulosa tradición del norte de Italia.

Los platos de los aperitivos eran muy generosos y los que vi se basaban en prosciutto, focaccia, bruschetta o diferentes tipos de quesos y embutidos, nada mal para ser gratis y enfrente de los canales. Según nuestra guía, Navigli es la gloria de la tarde noche milanesa. Así que ya sabéis, usad la palabra aperitivo y comeréis por el precio de unas cervezas, que por cierto como ya sabéis, están bien cobradas. 

Solamente estuve en el Pub Steam Factor, un lugar con una decoración muy alternativa donde además había hasta una carta de juegos de mesa que incluía varios clásicos como el monopoly y el cluedo. Este local era idóneo para pasar allí el final del día entre cervezas y salidas de la cárcel (del monopoly). Mencionar que muchos de los restaurantes aparte del famoso aperitivo también disponían de buffet libre, y en el caso del pub anterior su precio era de 12€/persona. 

Ya que estoy envuelto en el tema gastronómico, deciros que tengo poco que añadir al respecto porque todo el mundo conoce la comida italiana y no necesita publicidad. Pero sí os quiero nombrar unos platos típicos de Milán muy buenos, como son el Risotto alla milanese, el Ossobuco alla milanese y el Panzerotti, una empanada de masa de levadura frita rellena con salsa de tomate y mozzarella. 

Francamente, toda la comida italiana es irresistible, pero sus pizzas… no están para tirar cohetes, ni aquí, ni en Roma. En ninguna de estas dos ciudades me gustaron porque su masa parece papel de fumar y yo las prefiero con mínimo un dedo de masa. 

Aparte del Naviglio, entre mis lugares top de Milán incluyo; el Cementerio Monumental de Milán, el Castello Sforzesco y el impresionante Duomo (para él he hecho exclusivamente un apartado). 

El Cementerio Monumental de Milán es una pasada, me encantó, no esperaba encontrarme un museo al aire libre en un cementerio, y de hecho, sabía que me encontraba en este lugar de descanso por sus lápidas. 

Nada más llegar su fachada ya me dejó boquiabierto (como podéis apreciar en la foto anterior) por el conjunto que formaban sus arcos y su templo principal con sus torres en pico, así como por sus franjas de color marrón sobre un fondo blanco roto, resultando a mi parecer una estampa muy sorprendente. 

El acceso al cementerio también era bastante impactante, ya que era a través de una sala muy colorida de mármol y piedra llamada Famedio. Este lugar es conocido como el salón de la fama por ser donde yacen algunas de las personas más ilustres de la ciudad.

Pero era en su interior donde residía su gran belleza, puesto que había cientos de esculturas de gran valor artístico de todo tipo por todos lados, grandes, pequeñas, elegantes, tétricas, hombres, mujeres, niños, ángeles y mucho más. Igual pasaba con sus panteones, criptas, mausoleos y tumbas, eran verdaderas obras de arte de lo más variadas. Había tantas cosas allí metidas que no atinaba a verlo todo. Había hasta una mini réplica de la Columna de Trajano de Roma y de La última cena, era alucinante. 

Por otro lado, el Castillo de Los Sforza me gustó mucho porque hasta la fecha no me había encontrado ningún castillo en el centro de una ciudad y menos aún de este tipo. Con esto me refiero a su tono de color rojizo, el cual nunca antes había visto. También me sedujeron sus torres circulares a ambos lados salvaguardando su bonita torre principal puntiaguda y sus miles de agujeros en la fachada (os explicaré en la guía a que se deben).

Detrás de él se encontraba el Parque Sempione, desde el que había unas bonitas vistas del castillo y del Arco della Pace. Pero no obstante, para mí la mejor perspectiva del Castillo de Los Sforza fue desde la mitad de la Vía Dante, porque en la lejanía se veía su torre principal encuadrada a la perfección entre los edificios dejando unas fotos dignas para enmarcar, tal y como habéis podido apreciar en la foto anterior. La Vía Dante conectaba  el castillo con la Piazza Mercanti, ubicada muy cerca del Duomo. 

Por sacarle alguna pega a la ciudad, la Galería Vittorio Emanuele II me pareció ”pequeña”, no de altura, que es gigante, sino de largo. Pero su decoración, su estilo de construcción y su color amarillento al final consiguieron atraerme. En ella se encontraban tiendas de primeras marcas como Prada, Louis Vuitton o Gucci, en las cuales había una cola bastante considerable para entrar, algo que no me extrañó, porque nunca había visto tanta marca de lujo encima de una persona.

Algo que me pareció curioso es que no vi muchas tiendas de souvenirs y esto es algo que no es muy normal, porque otras ciudades están plagadas de ellas. 

Al final Milán consiguió encariñarme a pesar de que era muy parecida a otras ciudades europeas en cuanto a estilo de edificación se refiere (sobre todo su casco antiguo) y a que previamente me pareció que no tenía mucho atractivo turístico, como ya bien sabéis.

Sus atracciones turísticas estaban muy cercanas entre sí y muy bien conectadas en transporte público, tanto en metro como en tranvía, y eso me encanta. No sé si volveré algún día, pero si lo hago, seguro que será para volver de nuevo a los canales y al Duomo.

“Recuerda que la felicidad es una forma de viajar, no un destino”.

Roy M. Goodman

Guía de Milán en 1 día

Si estáis de paso por Milán, esta es vuestra guía, ya que en un solo día veréis los puntos de interés más llamativos de la ciudad, entre los que se encuentran la fabulosa Catedral de Milán y los Canales de Navigli. 

En esta guía os voy a dar dos alternativas para empezar el día, eligiendo entre ver el famoso cuadro de La última cena o el fascinante Cementerio Monumental de Milán, ya que lamentablemente no dará tiempo a visitar ambos lugares con la suficiente determinación. Igualmente, se divide en dos etapas, antes y después del Duomo, hay mucho que ver en un día.

La ruta puede realizarse perfectamente andando, pero si queréis os podéis ir ayudando del transporte público en algunos casos, puesto que por 7€ (2022) que vale el billete diario no está de más tenerlo como apoyo. Os muestro el mapa del metro para que os vayáis situando. 

Aunque no entra en la programación de la ruta, os dejo el enlace a otra posibilidad de conocer la ciudad, el autobús turístico.

Como muchísimas otras ciudades Milán también dispone de su propia tarjeta turista, ésta se llama Milan Pass. Personalmente, en este caso creo que no es necesaria, puesto que solo os recomiendo entrar al Duomo y lo demás lo dejo a vuestra elección. Es sumamente importante que reservéis las entradas con bastante antelación, sobre todo la de la catedral y la de La última cena. Esta última siempre y cuando elijáis la opción A de la guía.

Si vais a estar más días por la ciudad os aconsejo que le echéis una ojeada a Tours desde Milán y veáis los muchos destinos de gran interés cercanos que se ofrecen desde la ciudad, como el Lago Como o Cinque Terre, por lo que merece la pena sopesarlo. 

Incluso, os brinda la oportunidad de ir de compras y renovar vuestro guardarropas con primeras marcas y grandes descuentos en los outlets que hay a las afueras, estos son: el Serravalle Outlet, el Franciacorta Outlet Village, el Vicolungo Outlets y el outlet de Fidenza Village. En Tours en Milán encontraréis servicios lanzadera para llegar a ellos. 

Y antes de comenzar con la ruta, mencionaros unos últimos datos:

Puntos de interés (1ª etapa)

Opción A: Chiesa di Santa Maria delle Grazie

Opción B: Cementerio Monumental de Milán

Si habéis elegido la opción A, comenzaréis el día visitando la conocida Chiesa di Santa Maria delle Grazie, una construcción religiosa que es a su vez un convento y una iglesia construida en 1469 y 1482 respectivamente. 

En este lugar religioso es donde se encuentra el famoso cuadro de “La última cena” encargado a pintar en el año 1494 por el duque milanés Ludovico Sforza al brillante Leonardo da Vinci, con la intención de decorar el refectorio del convento con un mural en el que se representara la imagen de la última cena entre Jesús y los apóstoles. 

Como era de esperar, las dotes artísticas de Leonardo no defraudaron y pintó sobre una pared que previamente enyesó una obra maestra para la posteridad, o mejor dicho, hasta que dure, porque tristemente el yeso es un material que no se conserva muy bien con el paso de los años y al final acaba descascarándose y rompiéndose, por lo que lamentablemente no durará para toda la vida. Además, la pared sobre la que se pintó daba a una cocina y la humedad también hacía su labor en contra de su conservación. 

Para visitar el cuadro disponéis de dos opciones, mediante una visita guiada (en español) o por libre. En cambio, si no queréis ver el Cenacolo Vinciano y sí esta bonita iglesia, se puede acceder a ella gratuitamente y pasear por su interior, aunque he de decir, que no es la más bonita que he visto, era muy pobre en cuanto a decoración y colores siendo su exterior muchísimo más bonito.

En cambio, si os decantáis por la opción B, entonces caminaréis por el lúgubre y encantador Cementerio Monumental Milán, un lugar de nada más ni nada menos que 250.000 metros cuadrados.

Este camposanto es un museo al aire libre en el que encontraréis un museo de la fama, una fachada bellísima, un osorio y enormes mausoleos uno detrás de otro a cual de ellos más bonito, incluyendo una pirámide y la Columna de Trajano en la que descansan la familia Vogel y la familia Bernocchi respectivamente. 

En su interior veréis cientos de esculturas de todo tipo de gran detalle artístico creadas a partir del siglo XIX hasta el día de hoy, entre las que se encuentran figuras melancólicas, tétricas, calaveras, ángeles, mujeres, monjes, niños y algunas hasta algo espectrales. Es una parada que no decepciona. El cementerio abre de martes a domingo de 8:00 a 18:00 horas y su entrada era gratuita (2022). Si os interesa saber más sobre él, podéis hacer un tour guiado (inglés).

Tras una dura decisión entre la opción A o B, comenzamos con las visitas en común para ambas.

La siguiente parada es el Arco della Pace (A) ubicado en la Plaza Sempione, siendo ésta la puerta de entrada al pulmón de la ciudad, el Parque Sempione.  Este arco de 25 metros de altura y 24 metros de ancho fue mandado a construir por Napoleón en 1807 en honor a sus triunfos bélicos. Pero años más tarde fue derrotado y no fue terminado hasta el año 1837 e inaugurado un año más tarde por Fernando I de Austria, quien mandó a finalizarlo como monumento a la paz europea originada en el Congreso de Viena (1815).  En el Parque Sempione también podéis encontrar el Trienal de Milán, que es un museo de diseño y arquitectura en el que hacen exposiciones cada cierto tiempo.

En el otro extremo del parque se localiza el Castello Sforzesco (B) levantado sobre una antigua fortaleza construida en 1368 en la que residía la familia Visconti, que tras la caída de ésta y durante la República Ambrosiana quedó destruida hasta que en 1450 Francesco Sforza volvió a levantarla a su manera, siendo la residencia de su dinastía. 

A principios del siglo XIX Napoleón derrumbó y reconstruyó partes del castillo y en él albergó a su ejército. A finales de ese mismo siglo la ciudadanía de Milán se planteó demoler lo que quedaba del castillo y crear un barrio residencial, pero afortunadamente se inclinaron por conservarlo. 

Actualmente tiene un color rojo precioso y un foso sobre el que emergen unas bonitas torres cilíndricas a sus extremos dando cobijo a la espectacular Torre Filarete construida sobre el año 1900. En la torre se puede ver el escudo de armas de los Visconti, en el que destaca una gran serpiente comiéndose a un niño como diciendo, si le puedo hacer esto a un niño indefenso imaginad a mis enemigos. Sus muros datan del 1300 y en ellos apreciaréis miles de agujeros, los cuales servían para colocar andamios para su mantenimiento. 

La entrada a los patios del castillo, entre el que se encuentra la antigua plaza de armas, es gratuita, pero no los numerosos museos que se encuentran en él, como el Museo de Arte Antiguo, la Pinacoteca, el Museo Egipcio, el Museo de Prehistoria y Protohistoria, el Museo de Artes Decorativas, el Museo de Instrumentos Musicales y el Museo de la Piedad Rondanini. Las entradas para acceder a ellas las podéis sacar allí mismo. También podéis hacer un tour guiado por el castillo y ver algunos de sus museos.

Tras ver uno de los emblemas más importantes de la ciudad os diriguiréis a visitar una basílica, una pinacoteca y dos iglesias. 

La primera parada es la Basilica di San Simpliciano (C), una de las más antiguas de la ciudad con un estilo romano lombárdico en la que podréis apreciar que la puerta de entrada y su alrededor es de un color distinto al de toda la fachada, pues esos son los restos originales que aún quedan de la iglesia del siglo cuarto. Su fachada de color rojizo es muy bonita.

Después veréis la Chiesa Parrocchiale di San Marco (D), una elegante iglesia con otra peculiar fachada de ladrillo rojo muy bien conservada de estilo románico-gótico con un enorme rosetón en el centro y tres pequeñas torres salientes en su parte superior de la fachada. 

Muy cerca se encuentra la Pinacoteca de Brera (E), donde se halla tanto la academia de bellas artes más importante del país como la pinacoteca más importante del norte de Italia, además de un jardín botánico y un observatorio. Si os apetece entrar a verla en el enlace anterior podéis reservar su entrada. 

Nada más entrar al patio os encontrareis con una estatua de Napoleón Bonaparte desnudo dándoos la bienvenida, pero no os asustéis, no veréis la auténtica silueta regordeta del general, sino una atlética escultura de bronce realizada por Antonio Canova. Esto se debe a que ambos acordaron que si la hacían a su imagen y semejanza no invitaría mucho a entrar a la gente, por lo que decidieron hacerla inspirada en el dios Marte. 

Y por último la Chiesa di Santa Maria del Carmine (F), una preciosa iglesia del 1446 con una fachada del año 1880. Este lugar santo se encuentra muy cerca del Castello Sforzesco, por lo que los Sforza la eligieron como una de sus iglesias preferidas para realizar sus oraciones. 

Para mí, esta es la iglesia con la fachada más bonita de toda la guía, os quedaréis embelesados mirándola. Si os váis al final de la calle que hay frente a su fachada sacaréis una magnífica foto de la iglesia encauzada entre los edificios.

El siguiente destino es la Piazza della Scala (G) ubicada justo en uno de los extremos de la Galería Vittorio Emanuele II. Aquí podréis ver el Teatro alla Scala, el ayuntamiento de Milán  y una escultura de Leonardo en el centro de la plaza mirando al teatro y dando la espalda al ayuntamiento. 

Aunque su fachada no le acompañe, esta ópera es una de las más célebres del mundo, ya que en ella han sonado muchas de las obras más famosas del mundo y han actuado compositores de gran calibre como el aclamado Giuseppe Verdi y directores como Arturo Toscanini. Aquí podéis reservar vuestra entrada. 

El siguiente turno es para la lujosa Galería Vittorio Emanuele II (H), una encantadora galería con forma de cruz (+) construida en 1877 techada con una llamativa bóveda de vidrio abierta por sus cuatro entradas, donde además de encontrarse muchas de las marcas más distinguidas de moda también hay elegantes restaurantes y hasta habitaciones de hotel en su parte alta. 

Cuando os encontréis en el centro del complejo, si miráis hacia arriba veréis pintados en la pared cuatro de los cinco continentes, entre los que se encuentran Ásia, África, América y Europa (Oceanía no está representada porque en la época que se pintó no se conocía como tal a pesar de ser descubierta muchos años antes).

También podéis buscar un mosaico en el suelo con el escudo familiar de los Savoia, el cual encontraréis fácilmente al ver toda la gente alrededor del él dando vueltas con el talón apoyado sobre los testículos del toro, puesto que dicen que trae buena suerte hacer ese “ritual”. Podéis probar a ver si tenéis dicha suerte, aunque yo creo que lo único que se consigue es marearse porque hay que darle tres vueltas sin despegar el pie del suelo. 

Por cierto, en la mismísima entrada a la galería por esta parte de la Piazza della Scala se encuentra el Leonardo3 Museum – II Mondo di Leonardo.

Tras atravesar la galería alcanzaréis por fin la Piazza Duomo (I), en la que os sentiréis dentro de una lata de sardinas, pero no os daréis cuenta hasta dentro de un rato, porque al principio la imponente Catedral de Milán acaparará toda vuestra atención. 

Después de deleitaros con su bella fachada y de llevar cuidado de que ninguna paloma os peine, ya que “pasan cagando leches” por al lado de la gente, es momento de reponer fuerzas.

Para ello os propongo cuatro alternativas: las dos primeras están a pie de calle pared con pared unas calles al lado del Duomo y se llaman: Di Gennaro y Panzerotti Luini, donde podréis probar rica pasta italiana a buen precio y los mejores Panzerotti de toda la ciudad (según dicen),  respectivamente. 

Las otras dos opciones son Maio Restaurant y el il bar, dos restaurantes más caros, pero más espectaculares, dado que están ubicados en la terraza del centro comercial Rinascente Milano Piazza Duomo y tienen vistas directamente al lateral del Duomo. Yo he estado en ambos y me decanto por il bar, porque sus platos de comida eran mucho más contundentes que en el Maio. Eso sí, en este último eran mucho más sofisticados.

Y ya llegó el momento más ansiado de todo el viaje y el motivo por el que casi todo el mundo visita Milán, el Duomo di Milano, una de las cinco catedrales católicas más grandes del mundo. 

En su interior podréis apreciar la magnitud de la catedral y entrar a su zona arqueológica, donde veréis los cimientos de la antigua catedral y estaréis bajo la explanada que hay frente a la catedral. Además, podréis entreteneros buscando al pobre San Bartolomé y viendo nada más entrar su enigmática línea meridional.

Una vez en la terraza (la entrada está en el lateral que da a la galería) primero veréis y apreciaréis de cerca hasta el más mínimo detalle de sus columnas puntiagudas y de sus figuras (las cuáles son impactantes) y después disfrutaréis de un vista panorámica sublime de la capital lombarda. Asimismo, desde el tejado del Duomo podréis ver de cerca a la Madonnina en lo más alto de la catedral, la Torre Velasca y el Bosco Verticale a lo lejos, uno a cada lado de la catedral. 

La Catedral de Milán presenta varias opciones para visitarla, ya sea solo su terraza, su interior, o ambas, así como una visita guiada. Para que os hagáis una idea, la visita a la catedral y a la terraza valía 16,50€ en 2022. Os sugiero que reservéis la entrada lo más tarde posible para realizar con tranquilidad la ruta de la mañana. La visita a la catedral y a la terraza os puede llevar una hora y media perfectamente.

El Duomo os encantará y no os defraudará, ya lo veréis. Os invito a leer el apartado Catedral de Milán, donde os contaré muchos más detalles. 

Al salir de la catedral pondréis rumbo a la Piazza Mercanti, iniciando así la segunda fase de la ruta, pero antes, podéis echarle un vistazo rápido al Palacio Real de Milán ubicado en el lateral opuesto del Duomo donde se encuentra la Galleria Vittorio Emanuele II.

Puntos de interés (2ª etapa)

Y ahora tras haber disfrutado al máximo del Duomo, os toca ver la famosa Piazza Mercanti ubicada a pocos metros de la catedral. Esta plaza servía como centro comercial de la ciudad en la Edad Media y actualmente aún se pueden ver en ella edificios de dicha época, entre los que figuran:

La siguiente visita es al Civico tempio di San Sebastiano (A), una iglesia construida en el año 1576 con la que me topé de camino a los canales de Navigli y que me sorprendió por su forma cilíndrica (de origen renacentista tardío o manierista), pero sobre todo, por su interior, donde encontré una iglesia de un color gris frío con destellos de color oro que no había visto hasta ese momento. 

Su cúpula estaba decorada con muchísimas pinturas sobre un fondo azul marino y en sus paredes había varios camarines con bonitos cuadros y/o esculturas. Su altar y su órgano eran bastante pequeños, pero muy elegantes.

Después de un vistazo rápido a la iglesia anterior visitaréis la Basilica di San Lorenzo Maggiore (B), donde veréis un fragmento de “La última cena” de un discípulo de Leonardo que os servirá para quitaros el gusanillo si no habéis ido a ver la auténtica obra en la Chiesa di Santa Maria delle Grazie o para compararla si habéis visto la original. Bajo mi punto de vista este cuadro de “La última cena” no es que fuese muy lustroso.

La verdad es que esta basílica era bastante pobre en cuanto a decoración se refiere y encima me encontré un andamio gigante en el centro que ocupaba toda la iglesia. Sus paredes carecían de decoración y podría decir que era una edificación completamente decorada de cemento o del material de la época. 

Como habéis podido apreciar en la foto anterior, antes de entrar a la basílica hay un conjunto de ruinas romanas frente a su entrada, estas son 16 columnas del siglo II d.C llamadas las Colonne di San Lorenzo.

Unos metros al lado encontraréis la Porta Ticinese Antica (C), una de las dos puertas medievales que aún siguen en pie de la antigua muralla milanesa que bordeaba la ciudad. Aquí veréis una bonita puerta rojiza empotrada perfectamente entre edificios con tres zonas de paso entre las que incluso pasa el tranvía, además de unas figuras blancas muy bonitas sobre el arco principal.

Lamentablemente ya os toca hacer la última parada del día, concretamente en los canales de Navigli, donde descubriréis un ambiente bohemio magnífico y conoceréis la espectacular tarde noche milanesa en el Naviglio Grande, un lugar idóneo para perderos por sus restaurantes bebiendo cerveza (o limoncello) y cenando “gratis” si usáis la palabra “aperitivo” desde las 18:00 hasta las 23:00. 

El Naviglio Grande tiene una longitud de unos 50 kilómetros y junto con el Naviglio Pavese, que tiene una longitud de 32 kilómetros y conecta Milán con la ciudad de Pavía, forman los dos únicos canales que quedan hoy en día en Milán. Antiguamente otros tres canales tejían la red fluvial de la ciudad llamados Naviglio di Paderno, Naviglio di Bereguardo y Naviglio Martesana. 

Estos canales fueron construidos en el siglo XII con el objetivo de dar acceso al mar a la urbe y de llevar agua a la ciudad para el sustento agrícola, pero obtuvo mayor éxito como medio de transporte y como vía de comercio. De hecho, por ellos pasaron toneladas de mármol para la construcción del Duomo. En el siglo XV Leonardo Da Vinci metió su ingenio en los canales diseñando un sistema que mejoró notablemente las rutas de acceso a la ciudad hasta el siglo XIX, fecha en la que sufrieron su declive.

Y hasta aquí este apasionante día por Milán, ya solamente me queda deciros que os lo paséis en grande y que ¡no olvidéis de comeros unos gelatos durante la ruta! Arrivederci!

Catedral de Milán

Además de ser preciosa y asombrosa, la Catedral de Milán tiene una larga historia y esconde numerosas curiosidades, como por ejemplo, la escultura de San Bartolomé o una larga tira de latón con los signos del zodiaco que atraviesa la catedral. Por eso, he realizado un post aparte que os animo a que ¡No os lo perdáis!

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