Mahé

Mahé es una de las 115 islas paradisíacas que forman parte del archipiélago de las Seychelles, un país ubicado en el océano Índico frente a África Oriental descubierta por los portugueses en 1502 por mediación del navegante y explorador Vasco de Gama. 

No fue hasta 1742 cuando las Seychelles empezaron a conocerse como tal de la mano del explorador francés Lazare Picault, quien es considerado su descubridor dado que exploró realmente la isla a fondo, y por ello, la bahía Baie Lazare Beach lleva su nombre por ser donde desembarcó por primera vez. Estas remotas islas eran refugios de piratas y se cree que hay un montón de tesoros escondidos. 

A día de hoy en Mahé viven más de 88.000 personas, lo que comprende en torno al 90% de la población total del país, que no llega a los 100.000 habitantes. En esta isla tropical se encuentra la capital y única ciudad del país, llamada Victoria, y por lo tanto,  su centro económico, político y cultural en el que viven 1/3 de los habitantes, siendo una de las capitales más pequeñas del mundo con una población que no llega a 30.000 personas. 

En Victoria destaca su llamativo y colorido templo hindú Arul Mihu Navasakthi Vinayagar Temple y la catedral Immaculate Conception Cathedral ubicada junto a la Maison des Capucins, de aspecto colonial francés y portugués respectivamente. También posee una réplica a pequeña escala del Big Ben de Londres construida durante el control británico de las Seychelles.   

Mahé es la isla más grande del país, y como tal, cuenta con dos parques marinos y otro de montaña. Los dos primeros son el Baie Ternay Marine Park y el Ste. Anne Marine National Par, ambos ubicados a escasos kilómetros de Beau Vallon (la zona más turística del país) y de Victoria respectivamente. El parque de montaña se conoce como Morne Seychellois National Park, un lugar perfecto para perderse entre sus muchas rutas de senderismo con gran abundancia de flora y fauna, en la que destacan los Geckos, unas lagartijas autóctonas de color verde muy peculiar. Aquí se ubica la montaña más alta del país con 906 metros de altura.

Esta isla africana cuenta con exuberantes playas tropicales de agua caliente cristalina con arena blanca envueltas por flora tropical entre algunas rocas graníticas, un símbolo que diferencia a las Seychelles del resto del mundo. 

¿Qué ver en Mahé?

¿Qué ver en Mahé?

¿Dónde alojarse en Mahé?

Tras un ajetreado viaje en Dubai en Mahé decidimos descansar, y por lo tanto, darnos un capricho y hospedarnos en el Hilton Seychelles Northolme Resort & Spa, un resort ubicado en un acantilado con 3 calas para uso y disfrute únicamente de sus inquilinos y una piscina infinita orientada hacia el ocaso espectacular. 

Como era de esperar, la habitación era simplemente perfecta. Estaba decorada con las paredes y los techos forrados de madera al igual que su exterior simulando una cabaña alpina sin desentonar con el paisaje. El aseo era gigante, en él había sitio para una ducha y una bañera de hidromasaje con vistas al anochecer y al mar gracias a una pared de ventanales. Su balcón tampoco se quedaba atrás, tenía un par de hamacas, una mesa con dos sillas y un sillón doble en forma de S muy confortable. 

El desayuno se servía en un salón en el que las paredes estaban sustituidas por enormes ventanales dando igual donde me sentara, ya que siempre miraba al mar. Fue la primera vez que me sentí agobiado con el desayuno, tenía en mi mesa zumo, café y hasta champán, no sabía por dónde empezar ni qué orden seguir, “bendito problema”. Con la comida igual, queso, pescado ahumado, embutido, todo tipo de pancakes, gofres y una amplia gama de bollería, por lo que su desayuno era perfecto en una ubicación brutal.

Como imaginábamos, los precios de sus tres restaurantes eran bastantes elevados, pero por lo menos incluían las tasas del alcohol (15%) y del servicio (10%) en el precio, un gran detalle para evitar sustos innecesarios en comparación con el hotel de La Digue. En los restaurantes WAVE y en el Mahe Restaurant había un horario establecido de apertura y una carta un tanto escueta a la par que sofisticada con raciones de lo más escasas. 

En cambio, el Oceanview Bar and Restaurant prestaba servicio todo el día para un tentempié a cualquier hora y su carta era mucho más informal, por lo que servían unos platos mucho más suculentos y siempre estaba lleno, además de ser el más grande y contar con una mesa de billar y una terraza sobre el acantilado al aire libre. Junto a éste último había una gintonería conocida como la zona chill out.

El hotel disponía de kayak y máscaras de snorkel para sus huéspedes sin coste alguno, un extra muy importante para divertirse fuera del hotel a coste cero.

¿Cómo moverse por las Seychelles?

A continuación, os contaré los principales medios de transporte para desplazaros entre las 3 principales islas de las Seychelles; Mahé, Praslin y La Digue, así como los medios para moveros en ellas:

Sorprendentemente tan sólo hay una empresa de ferry que se encarga de comunicar las 3 islas principales del país llamado Cat Cocos, por lo que cuando estéis en Mahé ésta será la única posibilidad de llegar a Praslin o La Digue. Este ferry tiene unos horarios muy limitados que actualiza mensualmente (2021), por lo que es muy importante reservar previamente vuestro asiento, si no es muy posible que os quedéis en tierra. Aquí podéis echarle un vistazo tanto a su página web como a sus horarios para realizar vuestra reserva.

Para que os hagáis una idea, el precio que pagué por ir de Mahé a La Digue fue de 930SCR/persona/trayecto (unos 60€) y su duración fue de 1:30 horas. Este ferry lo podéis encontrar en un pequeño puerto de la capital ubicado en Flamboyant Ave, Victoria, a unos 10 kilómetros (15’) del aeropuerto. El nombre del atracadero donde se ubica el Cat Cocos es Cat Cocos Bert, ahí os dejo la ubicación.

También hay otro ferry, a parte de éste, que comunica únicamente Praslin con La Digue llamado Cat Rose, por si os encontráis en alguna de estas islas y queréis moveros entre ellas con más flexibilidad horaria.

Los taxis son una opción que quizás necesitéis valorar si vais a las Seychelles por vuestra cuenta y no os recogen los shuttles, ya sea para ir al muelle anterior para coger el ferry o para ir a vuestro hotel en Mahé o en Praslin, para ir de vuelta al aeropuerto o para moveros por estas dos islas. 

Éstos son realmente carísimos a mi parecer, ya que los precios los ponían a ojo según su criterio al carecer de taxímetro. En mi caso, como no iba por agencia tuve que recurrir a ellos, así que ante la situación anterior y después del primer sacudido, siempre preguntábamos los precios al taxista antes de subir, y si no lo creíamos adecuado, nos íbamos con el siguiente. Seguidamente, os relato mis experiencias con ellos para que lo juzguéis vosotros mismos: 

El primer taxista fue el más descarado y nos sopló 600 SCR (37,50€) por un trayecto de 10 kilómetros y unos 15 minutos para llegar al Cat Cocos Berth desde el aeropuerto, algo que me pareció una burrada, pero era la forma más rápida y única de llegar sin shuttle según la información que nos brindó la chica de información del aeropuerto. Más tarde, buscando tours encontré un shuttle con traslado privado del aeropuerto a cualquier hotel de Mahé y viceversa por tan solo por 30€, bastante menos de lo que me costó el taxi de vuelta a la terminal.

El segundo taxista nos cobró 300 SCR (20,75€) por un trayecto de 7 kilómetros y unos 17 minutos para ir desde el muelle de Mahé hasta el Hilton (tras a nuestra vuelta de La Digue), y para ir de este hotel al aeropuerto nos cobraron 800 SCR (55,50€) por 16 kilómetros y unos 26 minutos. Estos dos últimos tenían un precio casi razonable teniendo en cuenta el primero, que fue una aberración.

Alquilar un coche es una muy buena opción para descubrir tanto Mahé como Praslin por vuestra cuenta. En el aeropuerto habían varios locales de alquiler, al igual que en el muelle, aunque podéis alquilarlo previamente antes de llegar en Discover cars.

En mi caso, me decidí por alquilarlo en mi hotel porque si no me costaba otro viaje más en taxi y no era plan. Su precio fue de 50€/día con una empresa llamada Anglers Cars, la cual tenía unas condiciones un tanto exigentes a pesar de incluir todos los seguros y coberturas necesarias como los daños personales y a terceros (no sé si las demás compañías actúan igual), y es que en caso de accidente ellos se hacían cargo del daño causado al otro vehículo y nosotros nos teníamos que hacer responsables de los daños del nuestro con una franquicia que oscilaba entre 100-1000€. Esto es algo que no me inspiró demasiada confianza, y menos aún cuando me dijo que condujéramos pegados a la raya del centro, algo que entendí después al no ver quitamiedos ni arcenes en muchos puntos.

Un dato muy importante es que aceptaban el carnet de conducir europeo y no hacía falta el internacional, pero por los 15€ que cuesta, yo no me la jugaría…

También existe la posibilidad de conocer muchas de las islas del archipiélago mediante vuelos domésticos o viajes en helicóptero, así como hacer vuelos escénicos mediante la empresa Zil Air. En su web podéis ver la infinidad de variantes que ofrecen.

Y la última y más agradable de todas, la bicicleta. Sobre ella se puede recorrer prácticamente toda la isla de La Digue por 100 SCR/día (unos 6€), un precio risueño para la diversión y la experiencia que ofrece. De hecho, a falta de unos pocos, todos van en ella creando un entorno maravilloso.

Por último, aquí os dejo un enlace (en inglés) donde se detalla más específicamente lo anterior, así como las diferentes maneras de llegar a otras islas como Bird Island, Silhouette, Curieuse Island o Félicité Island, aunque por norma general, en Mahé, Praslin y La Digue encontraréis turoperadores locales que ofrecen tours hacia otras islas. 

Mi cuaderno viajero

Estuve en Mahé tras regresar de La Digue para pasar mis últimos 3 días en el paraíso, de los cuales tan solo estuve 1 explorando la isla y 2 de relax en el hotel, algo que va en contra de mis principios, ya que no puedo estar en un resort sabiendo que hay un mundo ahí fuera por descubrir y yo tumbado en una hamaca, pero es que el Hilton me atrapó. Pero bueno, aún así, no estuvo nada mal, porque nos pegamos un buen tute en tan solo un día viendo las playas más populares de Mahé e incluso haciendo dos rutas de senderismo. 

Nada más poner el pie en tierra, las Seychelles ya me sorprendieron gratamente. Su aeropuerto internacional tenía una pista de aterrizaje muy pequeña con casitas coloniales como terminal, con un monte de roca granítica justamente detrás lleno de vegetación y cocoteros. Me impactó bastante la verdad, no me esperaba esto para un aeropuerto internacional ni ver ya las características rocas del país allí mismo, pero ésto fue solo el principio. 

Tras recoger mis maletas me puse manos a la obra para cambiar de divisa (la cual se encontraba a mano derecha justo al salir de recoger el equipaje) para poder coger así el taxi. Y cuál fue mi sorpresa, me encontré un mini habitáculo con la pizarra del cambio con los números para cambiarlos manualmente, aquello parecía un almanaque movible de 1940, no podía ser más artesanal, arcaico y original, había vuelto 80 años en el tiempo. 

Posteriormente me di cuenta que a la salida había dos puestos del siglo XXI, por lo que diría que el aeropuerto perdió parte de su encanto, ya que hasta los mostradores de éste eran de madera. Sinceramente, creo no pintaban nada ahí pero el cambio era mejor, posiblemente porque no tenían que pagar la mano de obra del cambio de divisa de la pizarra… 

Otra curiosidad del pasado es que de camino al muelle, veía que la mayoría de las construcciones eran de estilo colonial y los coches muy antiguos, siendo algo que no esperaba encontrarme y me sorprendió, así como las pick up abarrotadas de gente detrás casi fuera del coche. Y cuando llegamos al puerto, un hombre nos abrió una barrera oxidada casi colgando manualmente para acceder a él, no me esperaba el parking del Corte Inglés, pero tampoco este tradicional sistema. 

La verdad es que en ningún momento pensé qué me encontraría allí, pero en mi subconsciente me esperaba una situación parecida a Europa, y por ello, encontrarme todas estas diferencias me sorprendieron y cautivaron. Y ya no hablar de cuando llegué a La Digue, todo el mundo iba en bicicleta, entonces fue cuando confirmé mi regreso al pasado. 

Sobre su capital Victoria no tengo mucho que decir, puesto que no tenía mucho interés turístico para mí y tampoco ofrecía mucho, me resultó una ciudad un poco destartalada y no estaba nada cuidada, siendo lo único que atrajo mi atención sus bonitas casas coloniales envueltas por la naturaleza y su colorido templo hindú.

En cuanto a las playas que visité en Mahé, decir que eran bonitas, extensas, llenas de vegetación y de agua cristalina con una temperatura bastante elevada, haciendo un lugar de baño muy placentero y un destino turístico muy llamativo. 

Estuve de paso por bastantes playas y en líneas generales, apenas había aglomeraciones de turistas, a excepción de Beau Vallon, el lugar más marchoso de la isla. El estar prácticamente solo en un lugar como este le otorgaba un toque mágico a la isla, como por ejemplo sucedió en Grand Anse, donde compartimos una playa paradisíaca con apenas 8 personas y solamente se escuchaban las olas del mar, se estaba en la gloria absoluta. Por ello, y por su agua totalmente cristalina, se convirtió en mi playa favorita de Mahé. 

Aunque la playa con mejor contraste de colores (verde, amarillo y turquesa) que vi fue la que teníamos en el hotel (foto anterior), sin dejar de lado Anse A La Mouche, una gran bahía con una combinación de colores azules preciosos. Aparte de las anteriores también me dió tiempo a visitar las siguientes playas brevemente; Anse Takamaka, Anse Boileau, Beau Vallon Beach, Baie Lazare, Anse Intendance, Anse Forban y Anse Royale, no está nada mal si le sumo dos trails en un solo día. 

A pesar de que no le hago desprecio a las playas de esta isla, una vez vistas las de La Digue, estas pasaron para mí a un segundo plano, porque por lo general, carecían de abundantes piedras graníticas, su agua era más oscura y sus playas menos salvajes aunque muchas de ellas estuvieran rodeadas de vegetación. Pero en cambio, sí que eran más amplias y largas. 

En Mahé hay bastantes trails para entretenerse y pasar un día repleto entre aventuras y naturaleza, por lo que me incliné por hacer estos dos: el Morne Blanc Nature Trail y el Copolia Natural Trail, ambosubicados dentro del parque Morne Seychellois National Park. 

En el primero caminé por la montaña más alta del país (906 metros) llamada Morne Seychellois para terminar la ruta en un mirador con una plataforma de madera con unas vistas muy bonitas de la costa oeste de la isla, pero no tanto como las que ofrecía el Copolia trail, en el que ascendí otra cima completamente de roca granítica con unas vistas maravillosas de Victoria y mucho más amplias de la isla. 

Estas dos rutas fueron muy bonitas, ambas estaban constituidas por senderos escarpados envueltos por la selva tropical africana y escalones formados por rocas y raíces de los árboles, hechos por la pisada humana, por los que había que ascender. Los troncos de los árboles estaban desgastados y sin musgo en algunas zonas, debido a que los viandantes lo usan para apoyarse y no perder el equilibrio, evitando algún posible traspié, algo normal ya que muchas veces tenía que meter el pie entre ramas y en varias ocasiones se me quedaba encajonado. 

Las dos son rutas muy cortas pero en continuo ascenso y cuesta un poco realizarlas, yo las hice a 30º e iba sudando la gota gorda, me caían gotas de sudor como puños de la cara al suelo. Por eso, aunque parezca obvio, es muy importante llevar agua, nosotros nos bebimos 4 litros haciendo el Morne Blanc, donde por cierto, no sé lo que había en el aire que se me iba cerrando la garganta cada vez más y más dificultándome la respiración, suerte que llevaba un antihistamínico e hizo su papel. 

A pesar de que cada cuesta que me encontraba me parecía peor que la anterior, si tuviera que elegir una de ellas me quedaría sin dudarlo con el Copolia, y no es porque a priori sea más fácil (aunque para mí fue el más costoso), sino por que sus vistas desde la cúspide eran verdaderamente fabulosas, mereciendo la pena ese gran esfuerzo. En cambio, he de decir, que la mejor foto fue en el Morne Blanc, como podéis apreciar en la fotografía anterior.

Si queréis saber más sobre estas rutas os invito a leer la guía de 1 día en Mahé un poco más abajo y a que os animéis a embarcaros en esta aventura. 

A pesar de haber tenido suficiente con estas rutas, me quedé con ganas de hacer el Anse Major Trail, un sendero que lleva hasta la bella playa Anse Major, solo accesible en barco o mediante esta caminata. Aquí podéis  echarle un vistazo a todas las rutas que hay en las Seychelles.

Cambiando drásticamente de tema, mi experiencia al volante fue agradable pero un tanto tensa en algunos momentos, puesto que en Mahé no se sabe muy bien lo que es un arcén, dado que la mayoría de las carreteras, sobre todos las de montaña, cortaban directamente dejando un terrorífico escalón o barranco de hasta 5 metros de altura en algunas zonas, algo que era ideal para meter la rueda por ahí y tener un gran susto, así que mucho cuidado. 

Por lo tanto, si a ello le sumo que era imposible no estar continuamente pensando en no meter la rueda en sus arcenes diabólicos para evitar un accidente, más estar pendiente de los temerarios conductores seychelenses y chóferes de autobuses escolares que invadían el carril contrario sin pudor alguno cuando encontraban obstáculos en la vía, más sus estrechas y peliagudas carreteras montañosas sin quitamiedos, entonces sí que era cuando la conducción se convertía en todo un reto. 

También conducían por la izquierda, algo que no me esperaba pero que no fue un problema tras haber conducido más de 3.000 kilómetros entre Nueva Zelanda y Australia. En la foto anterior podéis ver un claro ejemplo de los arcenes acantilados, donde se aprecia un cortado importante sin arcén ni quitamiedos.

En la isla más grande de las Seychelles descubrí una isla selvática a rebosar de vegetación con encantadoras lagartijas verdes por todos lados y también pude comprobar y corroborar que es aquí donde se concentra casi el 90% de la población del país, descubriendo pueblos y señales de civilización a mi paso en mi road trip. De hecho, había hasta coches, algo que en La Digue escaseaba (por suerte). 

Me agradó mucho encontrarme con “un lugar un tanto ajeno a la evolución sin tanta tecnología presente” otorgándole un toque encantador, aunque aún así, tal y como he dejado de entrever anteriormente, me quedo con La Digue.

"No hay viaje que no te cambie algo".

David Mitchell

Guía de Mahé en 1 día

En este apartado os muestro una apasionante guía exprés por Mahé tal y como yo lo realicé,  dividiéndola en dos etapas, en las que visitaréis varias de sus playas más bonitas y vereréis la montaña más alta de las Seychelles a través de una de las dos rutas de senderismo que realizaréis. Del mismo modo, conoceréis los puntos más destacados de la única ciudad de las Seychelles, como por ejemplo su templo hindú y la Maison des Capucins. 

Este día en Mahé está basado en una agradable ruta en coche de poco más de 2 horas de conducción y otras tantas de trekking, además de alrededor de 1 hora entre foto y foto visitando la capital del país africano en una ruta circular a pie, en la callejearéis por sus pintorescas calles realizando así la primera etapa de la guía. En la segunda etapa disfrutaréis de la naturaleza y pasaréis el resto del día conociendo sus playas, pero antes, os dejo unos consejos:

Aunque no lo he incluido en la guía, os comento otros dos puntos interesantes en Victoria, como son la mezquita Victoria Mosque y el Jardín botánico Mont Fleuri, donde tendréis la posibilidad de ver el Coco de Mer, un coco doble endémico con forma de cerebro con un fruto que puede llegar a pesar hasta 20 kilos y es considerado el símbolo del país, además de tortugas gigantes. 

Y por último, unos datos  interesantes:

Antes de empezar con la ruta os recomiendo estacionar vuestro coche en el parking que hay justo enfrente del templo hindú, ya que es aquí donde está la primera parada. Dicho esto, ya podemos comenzar:

Puntos de interés (1ª etapa):

La primera parada del día es para contemplar el único templo hindú del país, llamado Arul Mihu Navasakthi Vinayagar Temple, un edificio construido en el año 1992 y llamado así en honor a Lord Vinayagar, conocido como el dios de la prosperidad y la seguridad. Esta construcción destaca entre todos los edificios que le rodean por la decoración de su fachada, en la que se pueden ver llamativas figuras y una amplia gama de colores brillantes al igual que en su interior, así que si está abierto os animo a entrar y verlo. 

La siguiente parada está ubicada a tan solo 3 minutos caminando del templo hindú, donde veréis dos construcciones de estilos arquitectónicos muy diferentes al anterior. La primera de ellas es una catedral católica de estilo colonial francés llamada Immaculate Conception Cathedral (A) construida en 1874, y la otra es una elegante edificación también de estilo colonial, pero en este caso portugués llamada Maison des Capucins, la cual se encuentra ubicada en los jardínes de la anterior y fue construida en 1934. Justamente detrás de la catedral podréis apreciar una torre de piedra con un reloj analógico circular llamada Clock Tower.

 A unos 10 minutos del enclave anterior se encuentra el tercer punto de visita en Victoria, el Bicentenary Monument Seychelles (B), un monumento con 3 alas construido en una redonda en 1978 para conmemorar el 200 aniversario de la ciudad. Esta obra simboliza la mezcla de diferentes grupos étnicos de tres continentes; África, Europa y Asia. 

Tras un breve vistazo giraréis por Independence Ave para llegar en 5 minutos al Victoria Clock Tower (C), una pequeña redonda con una mini réplica del Big Ben de Londres construida por la colonia británica en 1903. En estos dos puntos no creo que “perdáis mucho tiempo”, puesto que no es lo más bonito de la capital ni tampoco hay mucho que ver, pero es parte de su atractivo turístico. 

De vuelta a recoger vuestro coche pasaréis por el mercado Sir Selwyn-Clarke Market (D) ubicado junto al templo hindú que visitásteis al principio del día. Aquí podréis conocer más a fondo el estilo de vida seychelense y observar sus costumbres paseando entre sus coloridos puestos comerciales, en los que venden, entre otras cosas, pescado fresco (como no podía ser de otra forma), frutas, flores y especias.

Y ahora, tras visitar una de las ciudades más pequeñas del mundo, es tiempo de aventuras en la segunda etapa del día.

Puntos de interés (2ª etapa):

La primera ruta de senderismo del día se llama Copolia Nature Trail (A), una ruta algo difícil pero factible de tan solo 1,4 kilómetros y poco más de 1 hora de duración, en la que  encumbraréis una montaña granítica desde donde vislumbraréis la costa este de Mahé y disfrutaréis de las mejores vistas panorámicas de Victoria. 

Este hermoso trail transcurre entre gran vegetación y enormes árboles que no dejan pasar la claridad de la luz, transmitiendo una atmósfera muy agradable dentro del bosque. Como podéis apreciar en la foto anterior, sus senderos tenían un firme muy desnivelado formado por las raíces de los árboles, en los que en algunos casos era muy probable encallar el pie y tener algún susto, por los que os aconsejo ir con cautela para evitar sobresaltos innecesarios. A la entrada del sendero hay una mini oficina (donde por cierto vendían agua) por la que tenéis que pasar para abonar la tasa requerida para poder acceder al trail, la cual era de tan solo 100 SCR/persona (6€). Aquí podéis echarle un vistazo a mi recorrido en Wikiloc si os apetece.

Cuando estéis llegando al inicio del trail veréis un montón de coches aparcados en el arcén (aquí sí hay) siendo mi recomendación que estacionéis en el primer hueco que veáis, puesto que es la única opción para aparcar cerca y si os lo pasáis, os será muy difícil dar la vuelta, dado que apenas hay espacio ni posibilidades para hacer un cambio de sentido tranquilamente más adelante. Yo me pasé y tuve que dar la vuelta en la rampa de entrada a una finca donde encontré a un hombre en la puerta con una metralleta… si, fue un poco surrealista, no se quien vivía allí, pero asustaba bastante.

La siguiente ruta transcurre por el Morne Seychellois y se llama Morne Blanc Nature Trail (B). Esta segunda ruta está catalogada como más dura que la anterior con una longitud de 1.6 kilómetros y más o menos otra hora de duración, o por lo menos eso ponía en el cartel, porque a mi me salieron otras cifras como podéis ver aquí

Al igual que en el trail anterior, la ruta transcurre por caminos entre encantadoras bóvedas de color verde rodeadas de flora y fauna, así como senderos cubiertos de grandes raíces de árboles, pero a mí parecer más fáciles de transitar. La diferencia más significativa estaba un poco antes de llegar al final, donde había una zona bastante peliaguda e inclinada envuelta por la espesura de la selva con grandes rocas por las que había que ascender, las cuales poseían unas características muy propicias para pegarse un buen porrazo, ya que eran redondeadas y estaban llenas de humedad. 

Al final del trayecto os esperará un pequeño mirador de madera desde el que veréis la cara oeste de Mahé, siendo lo más llamativo para mí la playa de Grand Anse visible desde la foto anterior, yo la ví, y dije: tengo que ir a esa playa sí o sí, y eso hice. En la cima había varios caminos escondidos FUERA DEL TRAIL donde la gente iba a hacerse fotos que yo NO RECOMIENDO, pero si tenéis curiosidad tened cuidado. 

El protocolo para aparcar el coche es el mismo que el anterior, tenéis que aparcar poco antes del inicio del trail en los laterales de la carretera, y en este caso, no es necesario pagar ninguna tasa para realizarlo. 

No os asustéis mientras estéis caminando por ambos trails cuando escuchéis continuamente ruidos o sentís que algo se mueve entre las hojas y no véis nada, pensando que estáis locos, estas serán las reinas del bosque, unas lagartijas de color verde u ocre que abundan en la selva llamadas Geckos. 

En el trayecto había carteles indicando la flora y la fauna que hay en la zona, así como señales cada 200 metros que indicaban la distancia que faltaba para coronar la cúspide, lo que para mí era un poco desesperante, pensaba que no llegaría nunca con ese calor abrumador.

Tras un par de grandes esfuerzos físicos, por fin os toca un merecido baño relajante en el paraíso para descargar las piernas, concretamente en Grand Anse (C), un playa de ensueño de arena blanca resguardada por el follaje. Aquí disfrutaréis de agua turquesa y cristalina, mientras os embelesáis con la montaña de granito que hay tras la playa e intentando encontrar el punto donde estuvisteis hace apenas 30 minutos. 

Para aparcar os recomiendo que sigáis recto por un camino de grava paralelo a la playa que había justamente en la curva donde está marcado el punto C en el mapa. Este breve camino llegaba a un aparcamiento exterior que había frente a un colegio, quedando la playa a tan solo 10 metros. Os encantará esta playa, os lo aseguro, yo me arrepiento de no haberme quedado ahí todo el día. 

Tras esta belleza conduciréis hasta Anse A La Mouche (D), donde os sorprenderá su bahía casi kilométrica con un agua en completa calma y un color precioso, tal y como podéis ver en la foto anterior. Antes de llegar a esta bella playa bordearéis con el coche otra llamada Anse Boileau, una playa que aunque para mí no fue gran cosa os recomiendo parar con el objetivo de conocer así otra playa seychelense más, ya que pilla de camino y quizás os guste más que a mí. 

Anse Baie Lazare Public Beach-Seychelles

Anse Takamaka-Seychelles

Anse Intendance-Seychelles

A continuación visitaréis tres playas; la primera de ellas es Baie Lazare Public Beach (E), una gran bahía que lleva el apellido del explorador francés Lazare Picault, quien fuera la primera persona en explorar la isla a fondo. La siguiente se llama Anse Takamaka (F) y es la más pequeña de las tres, pero en cambio tiene el honor de llevar el nombre del ron más famoso del país. 

Y por último, Anse Intendance (G), donde encontraréis una playa idónea para hacer snorkel según las indicaciones de los carteles que había a la entrada. Para acceder a ella debéis aparcar en una explanada que hay muy cerca de la playa y andar solamente unos metros para disfrutar del agua tórrida del Índico, y ¿por qué no?, si lleváis gafas de bucear y os animáis con el snorkel ver alguna tortuga. 

Bajo mi percepción estas tres playas eran muy similares visualmente, dado que eran playas con una leve inclinación hacia el mar y con vegetación a sus espaldas, con pocas rocas graníticas y con un color de agua “normalito”.

Y ya solo quedan las dos últimas playas del día: Anse Forbans y Anse Royale (foto), dos playas que presencié con muchas algas tanto dentro como fuera del mar restándole preciosidad al entorno y a ese bonito color de agua paradisíaco que caracteriza a las Seychelles. Pero en cambio, había algunas rocas de granito presentes compensando lo anterior. 

Tras Anse Royale pondréis rumbo a la última parada del día para ver el anochecer en la zona más marchosa y con más vida turística de Mahé, la popular Beau Vallon Beach, pero antes de llegar a ella conduciréis 30 placenteros minutos en los que conoceréis más zonas de Mahé. Pasaréis por la puerta de la Takamaka Rum Distillery y os toparéis con varios pueblos por el camino descubriendo, aún más si cabe, el estilo de vida de los Seychelense, además de pasar de nuevo por Victoria. 

Yo me encontré varias pick up a reventar de gente, camionetas a rebosar de materiales sobresaliendo por todos lados, casas coloniales muy coloridas, autobuses escolares descoloridos con los niños sacando la cabeza por las ventanas y saludando a todo el mundo, infraestructuras muy peculiares y personas cruzando la carretera un poco a lo loco. Pero lo más llamativo fue un hombre andando por la calle con un pez de 1,5 metros de largo tan pancho, me llamó mucho la atención.

Y por fin llegaréis a Beau Vallon Beach, un lugar idóneo para terminar la ruta tumbado sobre la arena y disfrutar de un eterno atardecer, digo esto porque parecía que nunca se iba hacer de noche. Como ya he comentado anteriormente, en Beau Vallon se concentra un gran ambiente turístico, por lo que hay un montón de restaurantes para cenar y/o tomarse un cóctel, además de un mercadillo (si está abierto) para comprar algún recuerdo de la isla. 

Para concluir, os aconsejo que miréis previamente a que hora es el ocaso para que lleguéis a tiempo y no perdéroslo. Y hasta aquí este glorioso día en Mahé, espero que lo viváis al máximo.

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