Catedral de Milán

¿Estáis pensando en visitar Milán? Entonces no podéis perderos la Catedral de Milán porque es poco menos que impresionante, cuando estéis frente a él os quedaréis alucinados con la quinta catedral católica más grande del mundo. 

En este post conoceréis algunas de las peculiaridades de la Catedral de Milán, los tipos de entradas que existen para visitarla y mi opinión personal. Pero antes, os contaré un poquito sobre la historia del Duomo di Milano:

¿Cuándo se construyó la Catedral de Milán? Su edificación comenzó en el año 1386 sobre las antiguas basílicas de Santa Tecla y de Santa María la Mayor, de las cuales aún pueden verse sus restos en la zona arqueológica de la catedral, y fue terminada nada menos que casi 600 años después, concretamente en 1965. Su estilo gótico es debido a que en su época de construcción este era el estilo predominante. Específicamente es un gótico internacional.

Resumiendo mucho cronológicamente su historia, en 1387 la familia de los Visconti se puso al frente de la construcción del Duomo con el objetivo de seguir con el proyecto. Esta famosa familia consiguió una gran revolución al crear la llamada “Veneranda Fabbrica del Duomo” y utilizar el mármol de Candoglia en puesto del tradicional ladrillo lombardo para su construcción.

La catedral obtuvo una gran lluvia de ideas por parte de numerosos arquitectos, algo bastante lógico debido a la tardanza en su construcción, por lo que realmente no se le puede atribuir a una sola persona su autoría. A finales del 1400 grandes arquitectos y artistas de la época como Leonardo da Vinci aportaron ideas al diseño del cimborrio con el fin de terminarlo. Esta parte es la cúpula o torre  que sobresale de la iglesia por donde entra la luz y que por norma general tiene forma cuadrada u octogonal.

El diseño de la fachada empezó a finales del siglo XVI, pero no fue hasta finales del siglo XVIII hasta cuando se completara su diseño y se colocara en lo más alto de la catedral a la Madonnina (1774), convirtiéndose en el emblema de Milán. 

A principios de 1800 se realizaron de nuevo obras para completar la fachada por parte de Napoleón Bonaparte con motivo de las vísperas de su coronación como Rey de Italia. A mitad del siglo XX se llevaron nuevamente a cabo obras para “la terminación de la fachada” con la colocación de la última puerta en 1965. A día de hoy, aún quedan esculturas por terminar.

A continuación, os cuento las peculiaridades más llamativas de la Catedral de Milán. Para mí, las dos últimas son las más interesantes.

Entradas y acceso a la catedral de Milán

Para visitar la Catedral de Milán hay varias opciones para todos los gustos, entre las que destacan ver solo la catedral de Milán por dentro y las siguientes:

En mi caso me decanté por la tercera opción y tras realizar mi visita me quedé con ganas de haberla hecho con una audioguía (se podía alquilar por unos euros en el interior) o con el tour. Por eso, os sugiero que valoréis alguna de estas dos opciones. Los precios de las entradas son del 2022.

En cuanto al acceso, si os situáis enfrente de la puerta principal, en el lado derecho de la fachada se encontraba la taquilla para validar las entradas y en el lateral izquierdo (el que da a la galería) se encontraba el acceso a la terraza. Estos dos lugares son claramente visibles por las colas de gente que hay. 

Os recomiendo visitar la Catedral de Milán a primera hora de la mañana porque al medio día había una cantidad de gente tremenda en el interior de la catedral.

Mi cuaderno viajero

Por último, pero no menos importante, os contaré mis impresiones sobre el Duomo, aunque con todo lo anterior creo que queda casi todo dicho y es más que evidente que su visita es obligatoria. 

Obviamente la catedral de Milán me gustó, y no poco. Me pareció más grande desde su interior que desde su exterior y más bonita por fuera que por dentro. Aunque creo que no hace falta decirlo, su fachada es una pasada y aún más con ese color blanco rosado resplandeciente durante el día  y con su color amarillento cuando cae el sol. Y por la noche, ídem, es una auténtica preciosidad. 

Pero lo más bonito estaba en su azotea, ya que pasear por el camino que llevaba hasta ella era una completa maravilla al poder apreciar mucho mejor y en primera instancia tanto su decoración gótica como sus miles de figuras y sus cientos de agujas con muchísimo más detenimiento, eso sí, después de subir 171 escalones. Ir al Duomo y no subir, es un completo error.

Una vez en la azotea disfruté de unas vistas panorámicas de la ciudad muy bonitas, divisando a los pies de la catedral la Piazza Duomo, la galería, el palacio real e incluso hasta la Torre Velasco y el Bosco Verticale muy a lo lejos. 

Pero lo más espectacular fue la imagen fotográfica que regala la azotea del Duomo bajo la Madonnina (como podéis ver en la foto anterior) con la hilera de agujas góticas a ambos lados hasta llegar a la fachada. Por no hablar de estar de pie sobre el techo de la catedral… menuda impresión, tan solo de pensar que estaba sobre el tejado de la catedral y aquello lleno de gente… daba hasta miedo pensar el peso que estaba aguantando el techo.

Dentro, los adjetivos son similares. Sus colosales pilares me dejaron boquiabierto por su tamaño y porque no les faltaba ni un detalle, llevaban hasta figuras en la parte del capitel. Sus enormes y coloridas vidrieras también acapararon bastante mi atención, ya que había zonas que eran tremendamente grandes. La catedral era tan grande por dentro que me sentí como una hormiga, muy parecido a como me sentí en Times Square (Nueva York). 

Pero lo que más me impactó en su interior fueron la estatua de San Bartolomé y la línea meridional del suelo al entrar. En cambio, lo que menos me gustó y me sorprendió fue su zona arqueológica. En ella se podían ver las ruinas de la anterior iglesia, monedas de diferentes épocas y tumbas.

Espero que os guste tanto, o más que a mi.

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