Bratislava

Conocida durante muchos años como Presburgo, Bratislava es una pequeña ciudad ubicada en el corazón de Europa a orillas del Río Danubio, donde residen unos 430.000 habitantes con el eslovaco como su idioma principal, aunque con bastante influencia del checo y del alemán.

Bratislava es la capital, centro político, económico, financiero y cultural de Eslovaquia, un país centroeuropeo fronterizo con Hungría, Polonia, Chequia, Ucrania y Austria, siendo la única capital del mundo que fronteriza con dos países: Hungría por el sur y Austria por el oeste, ubicándose a escasos 70 kilómetros de su capital y alrededor de unos 200 y 300 kilómetros de Budapest y Praga respectivamente.

Bratislava es una ciudad multiétnica que «ha cambiado varias veces de bando». En 1536 fue nombrada capital de Hungría con la consiguiente influencia y mayoría de población húngara, así como austriaca bajo el control del Imperio Austrohúngaro. En 1919 con la formación de la República de Checoslovaquia pasó a formar parte de ella “recuperando” la mayoría de su población autóctona, hasta que en 1993 llegó a ser la capital de la República Eslovaca. 

Al ser una ciudad multicultural atrae a numerosos turistas para visitar sus tres Teatros Nacionales Eslovacos, sus museos, su pintoresco núcleo histórico con cafeterías y antiguas tabernas tradicionales, sus simpáticas esculturas en medio de la ciudad pero sobre todo para visitar el peculiar Castillo de Bratislava, su atracción turística más emblemática,.

En la Ciudad Vieja (Staré Mesto) se encuentra el casco antiguo de la ciudad donde se localizan la mayoría de sus atractivos y edificios históricos, entre ellos varios palacios e iglesias como el Palacio Primacial o la Iglesia de Santa Isabel, más conocida como “La Iglesia Azul”, el Ayuntamiento Antiguo, la Puerta de San Miguel y el Palacio Grassalkovich donde reside el presidente del país.

La capital eslovaca cuenta con un gran puente construido con una sola torre con cables que sostienen una única viga de acero con una longitud de unos 430 metros que cruza el Río Danubio llamado Most SNP (Slovenského národného povstania), puente de la Insurrección Nacional Eslovaca en español.

¿Qué ver en Bratislava?

¿Dónde alojarse en Bratislava?

A pesar de no haber pernoctado nunca en Bratislava, mi recomendación para ello es el hotel Downtown Bratislava B&B por su ubicación, a tan solo cinco minutos del casco antiguo y por su relación calidad-precio; ya que por unos 40€ (2021) pasaréis la noche casi en el centro de la ciudad. Además, se encuentra prácticamente frente a la plaza Hodžovo námestie, que es el lugar donde está el Grasalkovičov palác, y a tan solo 15 minutos de la estación principal de tren Bratislava Hlavná Stanica, siendo un lugar perfecto para seguir mi guía de un 1 día en Bratislava.

¿Cómo llegar a Bratislava desde el aeropuerto?

El aeropuerto de Bratislava (Milan Rastislav Štefánik) se encuentra a tan sólo unos 10 kilómetros del centro de la ciudad. La opción más fácil de llegar sin transbordos es mediante la línea de autobús 61 que parte desde Letisko/Airport hasta la estación principal de tren Hlavná Stanica. Es un trayecto con una duración de en torno a 30 minutos y para ello es necesario comprar el ticket de 60 minutos de duración por 1,20€, ya que el ticket inferior es de 15’ y no dará tiempo a llegar.

Después tenéis dos opciones para llegar al Grasalkovičov palác y empezar desde aquí la visita hacia el casco antiguo; o bien coger el autobús número 93 y rentabilizar al máximo el ticket comprado anteriormente, o ir andando, dado que es prácticamente el mismo tiempo (10-15’).

Mi cuaderno viajero

Para mí, es un auténtico placer visitar ciudades que tengan casi todo su atractivo turístico relativamente cerca y así poder visitarla caminando en un abrir y cerrar de ojos, y Bratislava es una de ellas. Su cercanía con la capital austríaca brinda una magnífica oportunidad para una breve y agradable visita para conocer otro país y cultura. De hecho, siempre he llegado a Bratislava desde Austria y he tenido la suerte de visitarla en dos ocasiones, y aunque solo he estado un día cada vez y nunca he pernoctado allí, siempre ha sido un placer visitar la capital eslovaca.

Aunque las comparaciones son odiosas, considero a Bratislava una de las capitales más desapercibidas de Europa, ya que tiene muy cerca fuertes “competidoras turísticas” como la pomposa ciudad de Viena y a la llamativa Budapest, pero no por ello hay que dejarla en el olvido, sino al contrario. Bratislava tiene su propio encanto, me resultó interesante visitarla y me pareció una ciudad que no deja indiferente, aunque si es cierto que no es comparable con las anteriores capitales.

Bratislava posee muchas iglesias y palacios, rincones y bonitas plazas donde descansar un ratito entre foto y foto, como por ejemplo en su céntrica Plaza Hviezdoslavovo námestie cubierta de árboles, esculturas y fuentes muy cerquita de la Catedral de San Martín, o la Plaza Mayor (Hlavné Námestie). Esta céntrica plaza está en el corazón del casco antiguo rodeada de palacios, el antiguo Ayuntamiento, una iglesia y simpáticas esculturas proporcionándole un gran valor cultural y turístico, ya que hay un montón de monumentos concentrados en muy poco espacio. Ésta me gustó mucho más que la anterior.

La verdad es que no esperaba encontrarme con una ciudad que me llamara mucho la atención, tan solo quería visitar otro país y estar en otra capital europea, pero al llegar allí, me resultó muy agradable. 

Me sorprendió el encanto de su Ciudad Vieja (Staré Mesto), por donde iba caminando encontrando cada dos por tres iglesias y coloridos palacios de diferentes estilos arquitectónicos como el barroco, el rococó y el gótico, combinando a la perfección con los tejados marrones de los edificios proporcionando un bello conjunto. También había varias plazas con animadas figuras y estrechas callejuelas empedradas cerradas al tráfico entre las que se veía el Castillo de Bratislava a lo lejos. 

A fin de cuentas, fue muy relajante andar de un callejón a otro, de una plaza a otra, de un palacio a otro y de una iglesia a otra topándome con una amplia gama de colores, su casco antiguo era encantador. Una de las cosas que más me gustó es que no vi una ciudad ajetreada ni de locura, sino que me resultó una ciudad muy tranquila y relajada, apartada del estrés de las grandes capitales, y eso no se encuentra en todos sitios.

Sin duda alguna, las dos atracciones turísticas top de Bratislava son; el Castillo de Bratislava (Bratislavský Hrad), y la Iglesia de Santa Isabel (Kostol svätej Alžbety), popularmente conocida como la iglesia azul.

Como a cualquier turista que pase por allí, el peculiar e impoluto Castillo de Bratislava llamó bastante mi atención porque cada vez que lo miraba pensaba que estaba en Transilvania viendo el castillo del mismísimo conde Drácula, aunque no me lo pareció tanto años después al ver el Castillo de Vajdahunyad en Budapest

El castillo estaba ubicado sobre una colina verde y resaltaba sobre toda la ciudad por su resplandeciente color blanco combinado con el rojizo-anaranjado, pero sobre todo, por su forma simétrica cuadrada con una torre en cada flanco, parecía una mesa vuelta con las patas para arriba. Esta puesta en escena me pareció muy bonita, es un castillo simple y diferente en comparación a lo que he visto hasta el día de hoy, lo que es incuestionable que su visita sea obligatoria. Ir a Bratislava y no ver el castillo, no tiene sentido.

El segundo monumento top de Bratislava es la peculiar Iglesia de Santa Isabel, una icónica y atípica iglesia que atrae a cientos de curiosos, como a mí, por su llamativo color azul chillón predominante tanto en su fachada (incluido su tejado) como en su interior. De hecho, hasta los bancos de madera son azules. Como podéis imaginar me gustó bastante a pesar de no ser la más elegante ni ostentosa que he visitado pero desde luego, sí que es la más atrevida, parecía la iglesia de los pitufos (sin ánimo de ofender.) Aparte de la iglesia azul, la ciudad está repleta de ellas, como por ejemplo la Iglesia Jesuita, la Iglesia de los Franciscanos, la Iglesia y el Convento de Las Clarisas y la Iglesia San Juan de Matha (Trinitarios), la cual esconde en su interior un bonito estilo barroco.

Otro punto único y agradable de Bratislava fueron las graciosas estatuas que iba encontrando según recorría el casco antiguo, proporcionándole un toque diferente y divertido a la ciudad. Allí conocí a Čumil, un trabajador muy alegre que emerge de una alcantarilla y ve la vida a ras de suelo entre las calles. También a Shöne Náci, un gentil hombre trajeado que saluda cortésmente a toda persona que pasa a su lado y a un soldado rezagado de Napoleón (Napoleonský vojak) apoyado sobre un banco divisando la plaza junto a un guarda en estado firme ayudándole en su labor. 

Y por último, ¡¡un Paparazzi!! oculto en la esquina de un edificio esperando a sacar la mejor foto de los transeúntes infraganti, sin duda es el más travieso de todos.

Y por último, ¡¡un Paparazzi!! oculto en la esquina de un edificio esperando a sacar la mejor foto de los transeúntes infraganti, sin duda es el más travieso de todos.

Cambiando un poco de tema, siempre es importante conocer la cultura del país que se visita, pero también lo es conocer su gastronomía (yo por lo menos). Tan solo probé los platos llamados Bryndzové Halušky (dumplings con queso de oveja), Vyprážaný syr (queso frito rebozado con patatas fritas) y Kapustnica (una sopa de chucrut) y me gustaron bastante, y eso que no soy muy fan de éste último pero no me desagradó, como tampoco lo hizo su cerveza. 

Probé 3 marcas de cerveza diferentes y todas ellas estaban riquísimas pero tan solo recuerdo una llamada Urpiner, una cerveza ligera, sabrosa e ideal para beber fresquita. Los dos restaurantes en los que estuve y recomiendo se llaman Modrá Hviezda y Slovak Pub, ambos un acierto total.

A fin de cuentas, no invertiría más de un día en su visita e iría si estuviera en Viena en un viaje de ida y vuelta a modo de escapada, ya que es irrefutable que Bratislava no tiene grandes atracciones turísticas que visitar (a excepción de su castillo), pero no por eso deja de merecer la pena su visita. Me resultó una ciudad tranquila, acogedora, colorida y desconocida, que por qué no, iría una tercera vez.

"Viajar es lo único que compras y te hace más rico".

Anonimo

Guía de Bratislava en 1 día

Bratislava es una ciudad pequeña que se ve en un plis plas, por lo que creo que no es necesario hacer un viaje de varios días exclusivamente para visitarla y que lo mejor es llegar a ella desde Viena, concretamente a través del tren (aquí podéis ver como llegar). Por ello, he elaborado esta guía partiendo desde la estación de tren principal de Bratislava. La duración del itinerario es de poco más de 1:30 horas en movimiento, por lo que con unas 6-7 horas bastará para ver tranquilamente los puntos más emblemáticos de la capital eslovaca, donde os aconsejo hacer más hincapié al castillo.

Os adentraréis caminando en el corazón de la capital encontrando a vuestro paso iglesias, palacios, plazas y callejuelas empedradas con coloridas edificaciones hasta atiborrarse. Pero sobre todo, disfrutaréis de las numerosas perspectivas del Castillo de Bratislava durante el itinerario por el casco antiguo y visitaréis la sorprendente iglesia azul ubicada a las afueras de la ciudad vieja.

Aparte de esta guía os comento otras tres opciones para visitar Bratislava si no queréis ir por libre:

  • La primera alternativa es ¡¡en bicicleta y bebiendo cerveza!! Con Bratislava Bike Experience Tour disfrutaréis de la ciudad “empinando el codo” durante 1,5 horas por solo 14€/persona y así divertiros un poco a la vez que descubrís la capital. Parece poco tiempo, pero después se puede compaginar con algún tour gratuito de los que os dejo en Tours en Bratislava.
  • Otra rápida y completa forma de visitar Bratislava es sobre un autobús turístico, en el que conoceréis la ciudad con una audioguía y además incluye la entrada para visitar el castillo.
  • La última opción que os brindo es a través de un par de tours, y mi recomendación es: hacer el tour por la mañana ”Tour por Bratislava por el centro de la ciudad” y ya por la tarde el “Tour por el Castillo y la Catedral”, cubriendo así toda la ciudad en un día con un guía, y para colmo, todos ellos son gratuitos y en español. Los encontraréis en Tours en Bratislava.
Y ya por último antes de empezar, unos pequeños datos de interés:

Puntos de interés:

 

La aventura eslovaca empieza desde la estación Bratislava hl.st. para dirigiros al primer punto del día, el palacio Grasalkovičov palác (A), el cual está ubicado a tan solo unos 15’ de la estación y a unos 25 minutos a pie del castillo de Bratislava. Aparte del palacio podréis pasear por su plaza y por los jardines que le rodean, y si tenéis suerte, quizás veáis al presidente del país puesto que es aquí donde reside.

Tras unas cuantas fotos, el siguiente destino (B) es la Puerta de San Miguel, pero antes os toparéis con la Catedral de San Juan de Mata y San Félix de Valois/Trinitarios en un cruce de calles, os aconsejo aprovechar y entrar brevemente para ver su interior barroco. 

Una vez alcanzada la Puerta de San Miguel veréis una torre de unos 50 metros de altura con una bonita cúpula gótica, pero eso no es lo más importante, ya que según cuenta la leyenda, si cruzáis la puerta hablando moriréis en un año y en un día. Así que tras cruzarla en silencio (por si acaso) ya estaréis dentro del casco antiguo y justo a mano derecha encontraréis la Calle Baštová, la calle más estrecha de la ciudad.

Ahora os adentraréis en la plaza Františkánske námestie para llegar al ayuntamiento (C) encontrando a vuestro paso la Iglesia de los Franciscanos, famosa por tener la capilla gótica más bonita de la ciudad, y la Iglesia Jesuita ubicada frente a la columna Mariánsky stĺp limítrofe con la Plaza Mayor (Hlavné námestie). En esta plaza veréis el ayuntamiento, un edificio constituido por varios estilos arquitectónicos que alberga un museo nacional. En su torre se pueden apreciar unas balas de cañón del ejército de Napoleón de cuando invadió la ciudad en 1809. 

Al lado de ella hay un pasadizo que os recomiendo atravesar para llegar a la plaza y palacio del Primado y contemplar este elegante edificio de color rosa en el que tuvo lugar un hecho histórico, y es que en 1805 se firmó la Paz de Presburgo. Unos metros más adelante, por si os interesa, está la Casa/museo J.N. Hummel, un reconocido compositor y pianista austrohúngaro pupilo del gran Mozart.

Ya en la Plaza Mayor, además del ayuntamiento, encontraréis varios puntos de interés turístico, en particular, la fuente más antigua de la ciudad construida en 1572 (Fuente Maximiliano) y dos palacios en los que se pueden contrastar a pie de calle los diferentes estilos arquitectónicos, el rococó y el barroco. Estos son el Palacio de Kutscherfeld, que alberga la sede de la embajada francesa y el Palacio del gobernador. 

Si os apetece podéis tomaros unos dulces eslovacos y un café en el Schokocafe Maximilian Delikateso ubicado frente a la plaza mientras veis las dos primeras simpáticas esculturas de la ciudad controlando todo lo que sucede en la plaza, éstas son un soldado de Napoleón apoyado en un banco descansando y un guarda en una pequeña garita (Strážna búdka) en alerta.

El siguiente destino es la escultura más famosa de Bratislava, la célebre Čumil (D). De camino os cruzaréis con la tercera escultura del día en la esquina de la Plaza Mayor, un agradable hombre saludando a quien quiera que pase a su lado, el señor Shöne Náci, ubicado a la vuelta de la esquina en la calle Rybárska brána. Tras ésta ya llegaréis al preciado Čumil, un hombre saliendo del alcantarillado eslovaco tras un duro día de trabajo para descansar y tomar un poco aire fresco, que buena falta le hará.

Pero eso no es todo, ahora intentarán pillaros infraganti en vuestro plácido camino entre coloridas fachadas hacia la Iglesia Azul, y es que hay un Paparazzi oculto en la esquina de un edificio entre las calles Laurinská y Radnicná “esperando para sacaros la mejor instantánea posible a vuestro paso”. Desde luego ésta es la escultura más revoltosa de todas.

Y ya por fin llegaréis a uno de los edificios más populares de Bratislava (E), la Iglesia de Santa Isabel, más conocida como la Iglesia Azul. Como su propio nombre indica su color primario es el azul, tanto en su fachada como en su interior. Hasta el más mínimo detalle está teñido de este color combinado con blanco, otorgándole una perfecta y relajante armonía. Esta moderna iglesia ubicada fuera del casco antiguo fue levantada en 1913 y su nombre se debe a una princesa húngara. Podéis ver una foto de ella en mi cuaderno viajero. Es una de las iglesias más llamativas que veréis, os encantará.

El siguiente punto del día en esta encantadora ciudad es la Plaza Hviezdoslav (F), donde se localiza uno de los tres Teatros Nacionales Eslovacos regentándola. La Hviezdoslavovo námestie es una larga plaza perfecta para dar un paseo bajo árboles viendo números bustos de personajes famosos con una fuente en ambos extremos; la Fuente Ganymedova en la puerta del Antiguo Teatro y la fuente Morový stlp frente a la carretera del puente Most MSP. 

Tras visitar la plaza os recomiendo reponer energía en un restaurante cercano al castillo llamado Modrá Hviezda (G), un bonito local con un espacio exterior para comer con vistas a la ciudad y probar alguno de sus suculentos platos como el Bryndzové Halušky (dumplings con queso de oveja) acompañado de una refrescante cerveza eslovaca Urpiner, tanto rubia como negra, ya al gusto del consumidor, y para rematar unos crepes (Palacinky) de postre.

Al fin, el icono de Bratislava (H). El Castillo de Bratislava es el símbolo de la ciudad reconocible por su forma cuadrada y su color blanco inmaculado. Esto se debe a que lamentablemente en 1811 sufrió un incendio que lo devastó y con el paso de los años se fue derrumbando, hasta que en 1953 empezó a ser reconstruido, lo que le hace ser relativamente nuevo. De hecho, ha sufrido varias reformas a lo largo de los años de diferentes estilos arquitectónicos hasta su estado actual. 

Esta antigua fortaleza está ubicada estratégicamente sobre una colina de unos 85 metros de altura a orillas del Río Danubio donde años atrás se asentaron las civilizaciones celtas y romanas. Varios siglos después el castillo fue sede de reyes húngaros, entre ellos, de la reina de Hungría María Teresa. 

Además de visitar el castillo en sí, os recomiendo dar una vuelta por las inmediaciones y conocer su gran patio trasero así como visitar las representaciones del Museo Nacional Eslovaco y salas representativas del Parlamento Nacional por unos 10€, siempre y cuando vayáis bien de tiempo.

Desde la fortaleza se ve una magnífica perspectiva de la ciudad, incluida la antigua muralla y el puente Most MSP a lo lejos con su ovni en la parte superior llamado UFO Observation Deck justo enfrente, delante del suburbio de Petržalka, un barrio lleno de bloques de apartamentos construidos en la época comunista. 

Si os quedáis a dormir en Bratislava o disponéis de más tiempo es una opción fenomenal para cenar en su restaurante en la cima de la torre, dado que tiene que ser el lugar con mejores perspectivas de la ciudad por su forma de 360º. También tiene atracciones para sentir la adrenalina dejando vuestro cuerpo caer hacia el vacío mientras os sujetan unos arneses, en fin…

Tras la visita al emblema de Bratislava la próxima parada es la Catedral de San Martín (H), ubicada al lado de la antigua muralla de la ciudad y bajo la colina del Castillo. La catedral ha presenciado nada menos que 19 coronaciones entre los años 1563 y 1830, ganándose el privilegio de ser uno de los monumentos arquitectónicos más importantes del país.

Después toca el camino de vuelta a la estación para retornar a Austria (si no es quedáis en Bratislava) pero no sin antes disfrutar de los últimos palacios del día en las calles Ventúrska y Michalská. Al llegar a la primera hay que girar a la izquierda donde os encontraréis a vuestro paso el Palacio de Pauli y el Palacio de la Real Cámara Húngara. Si lleváis el tiempo controlado podéis echarle una ojeada al Palacio de Pállfy y el Palacio Zichy ubicados en la dirección opuesta.

En la calle Michalská os encontraréis algunos edificios renacentistas, galerías y tiendas donde os podéis hacer con el último souvenir si aún no lo habéis hecho.

Y lamentablemente, es hora de decir adiós a Bratislava, una pequeña capital europea pero encantadora que es un acierto si la pensáis visitar, no os defraudará.

Cómo ir de Viena a Bratislava

La capital austriaca y la eslovaca están muy cerca la una de la otra, concretamente a tan solo unos 70 kilómetros otorgando una excelente ocasión de visitarlas en un mismo viaje sin que se haga largo ni pesado. Por consiguiente, os muestro varias alternativas para llegar a Bratislava desde Viena, porque como ya he comentado anteriormente, creo que la mejor mejor manera para visitar Bratislava es desde Viena. 

Para mí ir en coche es sin duda la mejor opción, porque aparte de visitar la ciudad más tranquilamente sin el nerviosismo de volver a la hora de retorno a la estación de tren, ofrece más opciones y ventajas como por ejemplo:

    • Hacer una parada en el camino en el Parndorf Fashion Outlet e ir de compras a este gigantesco outlet que hay en Parndorf, aprovechando así una buena oportunidad para renovar vuestro armario ya que encontraréis ropa y complementos con verdaderos descuentos. Yo he estado dos veces y lo recomiendo totalmente.
    • Visitar el Castillo de Devín localizado a unos 14 km del casco antiguo de Bratislava en el Distrito IV a orillas del Danubio. Este castillo fue destruido por el ejército de Napoleón a principios del 1800 quedando en ruinas hasta el día de hoy.
    • Ir a vuestras anchas sin el agobio de tiempo.

A la hora de alquilar el coche tenéis que preguntar si lleva incluida la viñeta, una pegatina que da acceso a circular por carreteras específicas del país, si os paran sin ella os multarán. En el caso de que no la llevara implantada la podréis comprar de camino a Eslovaquia ya pasada la frontera en alguna estación de servicio como hice yo, o ya sabiendo los datos del vehículo tras alquilarlo se puede reservar en un momento antes del trayecto a través de su web, en la cual disponéis de más información si la necesitáis.

El tren es otra magnífica opción. Con él debéis ir desde la estación principal de Viena llamada Wien Hauptbahnhof hasta Bratislava hl.st. (Bratislava Hlavná Stanica), el viaje os costará unos 11,20€/trayecto y tan solo tardaréis poco más de 1 hora. Esta es la opción más cómoda y económica para ir de una ciudad a otra si no estáis interesados en parar ni en Parndorf ni en Devín, o simplemente queréis evitar complicaciones de conducir y alquilar coche.

Para llegar a la estación principal Wien Hauptbahnhof debéis subir al metro U1 en Stephansplatz (línea roja) dirección Reumannplatz hasta Südtiroler Platz. Una vez aquí, andar unos minutos hasta la estación de tren y listo, a esperar al tren para poner rumbo a Eslovaquia. Cuando lleguéis a Bratislava hl.st. os recomiendo seguir mi Guía de Bratislava en 1 día.

Una vez de vuelta en Wien Hauptbahnhof para llegar al centro de Viena debéis hacer la misma operación pero al revés, andar un poquito hasta la parada de metro Südtiroler Platz y coger de nuevo el metro U1 (siempre que el horario lo permita) pero es ésta vez en dirección Leopoldau y bajar en la parada Stephansplatz para estar de vuelta en el corazón de Viena.

Aquí podréis reservar los tickets, en la foto de abajo os dejo un ejemplo:

Los tours son un clásico y casi siempre son una manera muy efectiva de conocer una ciudad. En la sección tour en Bratislava encontraréis un tour (en inglés) muy recomendable donde la ida a Bratislava es en autobús y la vuelta a Viena es en barco surcando el Danubio.

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